Clubes vs. selecciones: el espectáculo del poder

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Bruno Fernandes, del Manchester United, convierte el gol de penal a Emiliano Martinez, del Aston Villa.
Laurence Griffiths / POOL / AFP

El calcio era la Meca dorada. Y era el poder. Una Premier League pero en los años ochentas y a la italiana. La Santísima Trinidad de representantes, intermediarios y dirigentes negociaban comisiones y contratos de jugadores en un monasterio del 1500 a orillas del Lago Como. Pasaportes truchos. Dinero lavado. Maradona, Zico, Van Basten. Y aspirantes a cracks que también eran fichados a precio de oro pero enviados a la tribuna (el objetivo era evitar que fueran comprados por el equipo rival). Y no eran sólo ese Juventus de Fiat y la familia Agnelli, y el Milan del entonces aspirante a político Silvio Berlusconi. También estaba el imperio Parma-Parmalat, que se promocionaba con Luciano Pavarotti en el Central Park, de Nueva York. “Los millonarios idiotas del fútbol”, como alguna vez los llamó el dirigente olímpico Giulio Onesti, y muchos de los cuales terminaron en bancarrota o en la cárcel, incluían a Sergio Cragnotti, presidente de Lazio, un club “del siglo 21”, según se jactaba. Lazio se negaba a ceder a sus jugadores a las selecciones sudamericanas porque, según Cragnotti, eso afectaba las acciones de su club en la bolsa.

Hasta el presidente de la Federación Italiana, Antonio Matarrese, decía que, si no eran los clubes, él mismo prohibía los viajes de los jugadores sudamericanos. “¡Ni [Sandro] Pertini me impedirá viajar a Buenos Aires!”, le respondió una vez Diego Maradona. Los demás venían detrás de él. El domingo 5 de mayo de 1985 el Napoli de Diego empató 0-0 con Juventus. Viajó 250 kilómetros al aeropuerto de Fiumicino. Avión a Buenos Aires y 1-1 el jueves contra Paraguay. El viernes, escala en Brasil y vuelo a Roma, primero, y a Trieste, luego, más auto a Udine, para un 2-2 frente a Udinese. Terminado el partido, otra vez Trieste-Roma-Buenos Aires para ganarle a Chile el martes por 2-0 en el Monumental. Al domingo siguiente, 1-0 a Fiorentina en Nápoles. En 1985, Diego llegó a hacer ochenta mil kilómetros en menos de un mes para cumplir con el club y la selección. “Gracias por venir”, tituló una tapa de El Gráfico.

Perú vs Argentina, Lima, 1985
Perú vs Argentina, Lima, 1985


Diego Maradona contra Perú en Lima, en 1985, el año en que cubrió 80.000 kilómetros para cumplir con el seleccionado y con Napoli.

“La Meca” del siglo 21 es la Premier League. A comienzos de los noventas, la liga inglesa tenía apenas 11 jugadores de otros países y recibía 11 millones de libras de la televisión. Hoy tiene 347 futbolistas extranjeros y el contrato de TV de 2022 prevé 5000 millones de libras. Si ahora manda por su dinero, antes, como cuna imperial de la pelota, Inglaterra mandaba por medio de la FIFA. Pero el presidente, sir Stanley Rous, era amigo de la Sudáfrica racista y negaba cupos mundialistas a las nuevas naciones independientes de África. Lo destronó João Havelange, que tal vez era más elitista, pero precisaba los votos africanos. Este miércoles, África inicia otra fecha de eliminatorias mundialistas sin muchas de sus mejores estrellas, retenidas por Inglaterra. Mañana sucederá lo mismo con la eliminatoria sudamericana. Argentina, que acordó retornos anticipados de algunos de sus jugadores, iniciará la serie con su plantel completo. El viejo espíritu maradoniano.

Buena parte de la prensa europea habla de jugadores “rebeldes”. Curioso, porque los rebeldes, en rigor, han sido los clubes europeos. Sus argumentos de Covid-19 y sus reclamos contra la FIFA fueron rechazados por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), de Suiza, con la firma de la abogada austríaca Elisabeth Steiner. En un libro de 2016, Steiner, que fue jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, destaca la necesidad de “reglas de conducta” para que la ley no sea impuesta “por el deseo de la bestia salvaje”, como describe en un momento al gobernante de turno.

¿Quién es la bestia salvaje que gobierna hoy en este fútbol de dinero y calendarios inflados? ¿La FIFA del ambicioso Gianni Infantino o los clubes que, después de querer impulsar su propia Superliga rebelde, mantuvieron ahora su decisión de no ceder jugadores pese al dictamen del TAS?

Lionel Messi no tuvo problemas porque la liga francesa no presentó objeciones a que sus futbolistas viajaran a América del Sur, pero Emiliano y Lautaro Martínez estuvieron en riesgo; la situación se resolvió en favor de los argentinos.
Buda Mendes


Lionel Messi no tuvo problemas porque la liga francesa no presentó objeciones a que sus futbolistas viajaran a América del Sur, pero Emiliano y Lautaro Martínez estuvieron en riesgo; la situación se resolvió en favor de los argentinos. (Buda Mendes/)

“Si yo tuviese que decidir entre jugar por Noruega y hacerlo por Manchester United, sé quién es mi empleador”. Lo dijo Ole-Gunnar Solksjaer, DT noruego del club inglés, y al día siguiente supimos que el goleador uruguayo Edinson Cavani sería baja en la eliminatoria. “Nosotros pagamos su salario”, ostentó Tony Mowbray, DT de Blackburn Rovers, que negó a Chile al atacante Ben Brereton (Chile no lo desconvocó y la FIFA avisó ayer al club que no podrá utilizar a Brereton mientras dure la eliminatoria). “Un jugador de Chelsea que es pagado por Chelsea no puede faltar cinco partidos para ir a jugar a un país que está en lista roja”, avisó el DT alemán Thomas Tuchel a Thiago Silva, uno de los nueve brasileños de la Premier que también serán baja.

La triple ventana eliminatoria de la Conmebol afecta en algunos casos el inicio de la Champions League, por lejos, el negocio más lucrativo de los clubes europeos. Hace apenas cuatro meses, recordó The Guardian el lunes pasado, hinchas ingleses salieron a las calles furiosos contra la codicia de los dueños de sus clubes. Hoy, esos mismos hinchas celebran los fichajes millonarios de Cristiano Ronaldo, Romelu Lukaku y Jack Grealish. El espectáculo del poder es un club cada vez más cerrado. Acaso nos dejarán las migajas de la próxima fiesta.

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