Las reglas no son para todos en el elitista fútbol europeo y el PSG es una prueba

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El presidente del Paris Saint-Germain (PSG), Nasser Al-Khelaifi, junto con el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, asisten al partido de vuelta de octavos de final de la Liga de Campeones de la UEFA entre el Paris Saint-Germain (PSG) y el Real Madrid el 6 de marzo de 2018. (Foto: FRANCK FIFE/AFP a través de Getty Images)
El presidente del Paris Saint-Germain (PSG), Nasser Al-Khelaifi, junto con el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, asisten al partido de vuelta de octavos de final de la Liga de Campeones de la UEFA entre el Paris Saint-Germain (PSG) y el Real Madrid el 6 de marzo de 2018. (Foto: FRANCK FIFE/AFP a través de Getty Images)

Había sido una noche eléctrica de la Liga de Campeones en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid, en la que el Real Madrid vino de atrás para eliminar al Paris Saint-Germain (PSG). El partido de marzo había sido promocionado como un choque entre los nuevos ricos del fútbol y la aristocracia europea y el Real Madrid, como representante de la vieja guardia, había triunfado. Sin embargo, fue por poco.

No obstante, una vez que acabó, el presidente del Paris Saint-Germain, Nasser al Khelaifi, estaba furioso. Y casi en cuanto el árbitro hizo sonar su silbato, Al Khelaifi comenzó a movilizarse.

Él y el director deportivo del PSG, Leonardo, fueron directamente a los vestidores que utilizaron el silbante Danny Makkelie y el resto del cuerpo arbitral. No es poco común que los miembros del lado perdedor expresen su frustración sobre una derrota o busquen respuestas. Sin embargo, Makkelie, un juez muy experimentado de los Países Bajos, sintió que lo ocurrido en la zona de túneles en Madrid superó todos los límites de lo aceptable.

Después del partido, en un informe que revisó The New York Times, Makkelie escribió que Al Khelaifi y Leonardo “mostraron una conducta agresiva e intentaron entrar al vestidor del árbitro”. Makkelie escribió que, incluso después de que les pidió que se retiraran, Al Khelaifi y Leonardo “bloquearon la puerta”. Makkelie escribió que luego el presidente “golpeó a propósito la bandera de uno de los asistentes y la rompió”.

Los sucesos crearon una crisis para el órgano rector del fútbol europeo, la UEFA. Al Khelaifi es uno de los hombres más poderosos del fútbol europeo, un ejecutivo cuya multiplicidad de roles —entre ellos ocupar un lugar en el consejo directivo de la UEFA y la presidencia de una empresa de medios que hace llegar cientos de millones de dólares al fútbol europeo por medio de acuerdos de transmisión— desde hace tiempo ha generado inquietud sobre un posible conflicto de intereses.

Lo que ocurrió después tan solo incrementó esas preocupaciones entre administrativos y rivales. No habían pasado 24 horas del incidente cuando la UEFA anunció que había abierto una investigación disciplinaria. Y luego no sucedió nada más.

El jugador argentino Lionel Messi y el presidente del Paris St Germain, Nasser Al-Khelaifi, posan con una camiseta. (Foto: REUTERS/Sarah Meyssonnier)
El jugador argentino Lionel Messi y el presidente del Paris St Germain, Nasser Al-Khelaifi, posan con una camiseta. (Foto: REUTERS/Sarah Meyssonnier)

Pasaron semanas. Luego meses. Otros incidentes que habían ocurrido en los partidos de la UEFA posteriores al juego entre el Real Madrid y el PSG fueron investigados y juzgados. Sin embargo, la investigación de la UEFA sobre Al Khelaifi —quien además de su cargo en el PSG, uno de los clubes más ricos de Europa, también es el presidente de beIN Media Group, la empresa con sede en Catar que es uno de los socios más importantes de la UEFA— no terminaba nunca.

Apenas en junio, tras el término de la temporada del fútbol europeo, después de que se había disipado buena parte de la atención sobre el incidente, la UEFA publicó con discreción un párrafo breve que apareció en la página 5 de un documento de seis en el que se dio una lista de los resultados de casos disciplinarios recientes: la UEFA dijo que iba a inhabilitar a Leonardo —quien desde entonces había dejado el PSG— por un juego por violar “las reglas básicas de conducta decente”.

A la gente versada en asuntos disciplinarios al interior de la organización no le sorprendió el resultado. El puesto más reciente de Alex Phillips, un ejecutivo de la UEFA durante casi dos décadas, en la organización fue como presidente de gobierno y cumplimiento hasta que la dejó en 2019. Phillips le comentó al Times que incluso sintió que el momento de la resolución había sido intencional. “Esperaron para encontrar un momento tranquilo y enterrarlo con la esperanza de que la gente lo olvidara y no lo recordara”, menciono Phillips.

El caso de Al Khelaifi llega en un momento de una sensibilidad particular para la UEFA. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitirá un fallo el próximo año después de que un grupo de clubes cuestionó el papel de la UEFA como reguladora y organizadora de competencias. Si pierde, su hegemonía sobre cómo se organiza el negocio multimillonario del fútbol europeo (y quién puede hacer ese trabajo) podría estar bajo una grave amenaza.

El caso de la gresca en el túnel de Madrid tampoco es la primera vez en la que el PSG ha logrado un resultado favorable tras una investigación de la UEFA. En 2018, el club enfrentó la posibilidad de ser excluido de al menos una temporada de la Liga de Campeones después de que se descubrió que había violado regulaciones de control financiero de la UEFA. No obstante, al PSG se le perdonó un castigo humillante —y caro— después de que la administración de la UEFA se puso del lado del equipo y en contra de sus propios investigadores.

Desde entonces, las relaciones entre Al Khelaifi y la UEFA tan solo se han fortalecido.

Al Khelaifi surgió como un socio principal de la UEFA en 2021, cuando la organización repelió con éxito la propuesta de un grupo de los equipos más grandes del fútbol europeo para crear una Superliga separatista.

El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al presidente y director ejecutivo de Paris St Germain, Nasser al Khelaifi. (Foto: REUTERS/Philippe Wojazer)
El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al presidente y director ejecutivo de Paris St Germain, Nasser al Khelaifi. (Foto: REUTERS/Philippe Wojazer)

No obstante, si la Superliga hubiera tenido éxito, de un solo golpe habría saboteado a la Liga de Campeones, el principal motor financiero de la UEFA y la competencia que considerada generalmente como el máximo evento de clubes en el deporte mundial.

Sin embargo, en vez de apuntarse a la Superliga, Al Khelaifi dijo que el PSG estaba del lado de la UEFA y cabildeó en público y en privado para ayudar a reprimir la revuelta. Esa labor ha tenido su recompensa: Al Khelaifi pronto fue elevado a presidente de la influyente Asociación de Clubes Europeos (ECA, por su sigla en inglés), una organización paraguas de más de 200 clubes importantes que es el socio de un emprendimiento conjunto de la UEFA para vender los derechos de la Liga de Campeones y otras dos competencias de clubes… y beIN Sports es uno de los principales clientes.

“Hay un claro conflicto de intereses”, opinó Miguel Maduro, expresidente de gobierno en el órgano rector del fútbol mundial, la FIFA. “Que sea presidente del PSG podría no ser un conflicto, porque los clubes deben tener un representante en la UEFA. Pero el hecho de que la UEFA tenga intereses económicos serios con él y viceversa le da una influencia excesiva. Nadie que tenga intereses económicos relacionados con la UEFA debería estar en su junta”.

El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, desde hace tiempo ha desestimado esas inquietudes e incluso ha insistido en que Al Khelaifi, un catarí que es un confidente cercano y ocasional compañero de tenis del gobernante del país del golfo Pérsico, permanece en su junta mientras enfrentaba un caso de corrupción en Suiza (Al Khelaifi fue absuelto en el caso a inicios de este año). Esta semana, mientras los máximos influyentes del fútbol europeo se reunían en Estambul para el sorteo de la Liga de Campeones de esta temporada, es probable que Ceferin y Al Khelaifi, en su papel de presidente de la ECA, hayan tenido conversaciones bilaterales sobre el futuro del juego.

Esa influencia no ha pasado desapercibida entre rivales que ya están recelosos de la riqueza del PSG. En una entrevista previa con el Times este verano, otro ejecutivo con un equipo en la Liga de Campeones esta temporada, Joan Laporta del Barcelona, lamentó que los clubes como el PSG, que cuentan con respaldo de un Estado, puedan ofrecer el doble del dinero que otros equipos, como el suyo, pueden ofrecer por jugadores en el multimillonario mercado de transferencias.

Mientras tanto, Maduro comentó que las acciones de la UEFA han “creado sospechas” de que el PSG opera bajo un conjunto distinto de reglas. Maduro describió el resultado del caso del juego limpio financiero de 2018 como “increíble”.

El presidente del Paris Saint-Germain, Nasser Al-Khelaifi, y el delantero francés Kylian Mbappe posan con una camiseta. El delantero superestrella Mbappe eligió firmar un nuevo contrato hasta 2025 en el PSG en lugar de unirse al Real Madrid. (Foto: Gao Jing/Xinhua vía Getty Images)
El presidente del Paris Saint-Germain, Nasser Al-Khelaifi, y el delantero francés Kylian Mbappe posan con una camiseta. El delantero superestrella Mbappe eligió firmar un nuevo contrato hasta 2025 en el PSG en lugar de unirse al Real Madrid. (Foto: Gao Jing/Xinhua vía Getty Images)

Desde entonces, la UEFA ha nombrado a Sunil Gulati, el expresidente de US Soccer, para que encabece su organismo de investigación financiera. Gulati y Ceferin desarrollaron una amistad cuando ambos fungían como miembros del consejo de liderazgo de la FIFA.

Es Gulati quien tendrá la tarea de implementar las nuevas regulaciones de control financiero que ya había anunciado la UEFA este año. Sin embargo, esas reglas son más flexibles que las regulaciones anteriores y han sido renombradas para enfatizar cómo la UEFA ya no depende de ellas para promover un campo de juego nivelado en sus competencias. Lo que se había llegado a conocer como el sistema del Juego Limpio Financiero ahora se conocerá como regulaciones de “estabilidad financiera”.

No se puede abordar la competitividad tan solo con regulaciones financieras”, les comentó a reporteros en abril Andrea Traverso, la autoridad de la UEFA responsable de establecer las reglas.

Las reglas parecen haber llegado en un momento oportuno para el PSG, club que ha seguido despilfarrando, aunque el resto de la industria del fútbol sea golpeada por el impacto financiero de la pandemia. Tan solo en el mercado de transferencias de este verano, el club ha destinado unos 200 millones de euros para jugadores, entre ellos un nuevo récord por el contrato para retener al delantero estrella Kylian Mbappé.

Al mismo tiempo, las noticias de esta semana decían que el equipo era parte de dos docenas que podrían recibir una multa o llegar a acuerdos financieros con la UEFA, por gastar en exceso conforme las nuevas reglas financieras. Un castigo de este tipo es improbable que perjudique a un equipo con los recursos del PSG o el Manchester City, otro club con financiamiento de miles de millones de dólares del golfo Pérsico que en repetidas ocasiones ha desafiado —y evitado—sanciones importantes de la UEFA.

“Parece que algunos clubes podrían gozar de privilegios”, comentó Laporta este verano. “Los clubes con respaldo de Estados que son cercanos a la UEFA”.

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