Chiqui Tapia vs. Sergio Massa. Por qué la final de de los $ 500 millones (y la política) de la Primera Nacional se terminará jugando en Banfield

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Pablo Magnín, goleador de Tigre, equipo que el lunes buscará el ascenso en la cancha de Banfield frente a Barracas Central
Prensa Tigre

La final por un ascenso entre Barracas Central y Tigre es el partido de los $ 500 millones. Y, también, el partido de la rosca. Desde que ambos equipos se clasificaron al encuentro decisivo comenzó la disputa de escritorios para definir la sede. Arsenal, Quilmes, Independiente, Racing, Lanús y Deportivo Morón fueron algunos de los escenarios barajados. De un lado, los Tapia (Claudio, presidente de la AFA, y su hijo Matías, máximo dirigente del Guapo); del otro, Ezequiel Melaraña (presidente del Matador) y, sobre todo, Sergio Massa (presidente de la Cámara de Diputados). Crónica de tres días de negociación al calor de la política.

La tarde del lunes aportó la certeza de los dos candidatos al primer pasaje a la Liga Profesional. Tigre había vencido a San Martín de Tucumán y Barracas Central le había ganado a Villa Dálmine. Las negociaciones para definir la sede y otros detalles de la organización del partido comenzaron casi desde el momento en el que la pelota dejó de rodar.

Al día siguiente, el martes, la primera clave: “A puertas cerradas y en una cancha de la provincia de Buenos Aires”, fue el rumor que trascendió. Incluso apareció un documento con el nombre del estadio elegido: la cancha de Arsenal. Traducido: Claudio Tapia, presidente de la AFA, podría celebrar el ascenso de su equipo en el estadio Julio Humberto Grondona, el último gran patriarca del fútbol argentino.

La cancha del Viaducto le caía perfecto al equipo barraqueño, acostumbrado a jugar en espacios reducidos como los de su propia cancha, que lleva el nombre de “Chiqui”, el patriarca nacido en San Juan que ahora ocupa el sillón de Grondona en el edificio de la calle Viamonte. La provincia de Buenos Aires, además, ofrecía garantías para que el partido se jugara con hinchas de los dos equipos, tal como había ocurrido en la final por un ascenso a la Primera Nacional, que Deportivo Madryn le ganó a Racing de Córdoba en el mismísimo terruño de los Grondona. Sin embargo, las primeras informaciones hablaban de una final a puertas cerradas. Sin público.

Es más: el comisario responsable de la coordinación de los operativos policiales, Héctor Guillermo Ojeda, ya había avisado por nota interna a las dependencias involucradas que no habría espectadores en el partido de los $500 millones y un ascenso. En Tigre se enteraron de las intenciones oficiales y afilaron los colmillos.

“No estamos de acuerdo con que sea a puertas cerradas porque el fútbol argentino va camino a un aforo del cien por ciento. (...) Cuando fuimos a Tucumán a jugar contra San Martín estaba desbordado el estadio. Es incomprensible lo de a puertas cerradas. Cuando empezamos a hacer averiguaciones por teléfono con los organismos de seguridad la respuesta era que ellos estaban en condiciones de afrontar un partido con público”, protestó el máximo dirigente de Tigre en La Red. Massa, el hombre fuerte del club y presidente de la Cámara de Diputados, ya estaba al tanto de todo.

Los jugadores de Barracas Central festejan un gol ante Villa Dálmine, el pasado lunes; se jugarán el ascenso contra Tigre en la cancha de Banfield.
Instagram @barracascentral_oficial


Los jugadores de Barracas Central festejan un gol ante Villa Dálmine, el pasado lunes; se jugarán el ascenso contra Tigre en la cancha de Banfield. (Instagram @barracascentral_oficial/)

El miércoles, otra nota interna. Gustavo Gómez, director de la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (APreViDe) le pidió a Ojeda que se rectificara. Le recordó que no había motivos para jugar a puertas cerradas y que incluso se había liberado el aforo. Para su dependencia, que está a cargo de la seguridad en todas las canchas bonaerenses, el encuentro debía jugarse con hinchas en las tribunas. Gómez, en rigor, es Axel Kicillof. La política, entonces, ya estaba jugando el partido.

Más allá de la nota de Gómez, la sede no se movía: Arsenal. Tigre insistía con su planteo: “Cancha de primera, buen césped y 20 mil entradas”. Barracas Central optaba por el silencio, igual que la AFA. La única certeza era que el encuentro se disputaría en territorio bonaerense y no se movería al interior. Ni siquiera a la Capital Federal, donde no puede haber hinchas de los dos clubes. El acuerdo parecía distante y faltaban apenas cinco días para el partido.

Los goles de Dálmine 1 vs. Barracas Central 3

Con ese escenario, la AFA (o sea Tapia padre) jugó una ficha: convocó a los clubes finalistas, a los principales dirigentes de la categoría y a la APreViDe a una reunión en Ezeiza para el mediodía de este jueves. La idea era que en ese encuentro hubiera una fumata blanca, como si se tratara de una elección de un Papa. Y que a la salida pudiera confirmarse la sede del partido. “La realidad es que no se ponían de acuerdo: Tigre quería un estadio con más capacidad que el de Arsenal y Barracas quería jugar sin público. Se terminó la reunión sin acuerdo. Derivaron la decisión en la APreViDe”, contó una fuente al tanto de la discusión por la sede de la final.

Tapia padre volvió a jugar otra ficha. Marcelo Achile (Defensores de Belgrano), presidente de la mesa de la Primera Nacional, vicepresidente de la AFA e integrante de Ascenso Unido, la plataforma que catapultó a Tapia padre al sillón de Grondona, dijo: “Como presidente de la categoría propuse que podamos hacerlo en un estadio acorde a la categoría y que milite en la categoría. Van a ver qué pasa”. Melaraña, el presidente de Tigre, ya sabía la intención de la movida: no darle el gusto al Matador de jugar en un estadio de primera. Entonces, las alternativas eran el Francisco Urbano (Deportivo Morón) y, con más chances, el estadio Centenario (Quilmes). La pelota estaba del lado de la APreViDe, que debía resolver.

A media tarde volvieron a tomar fuerza estadios de primera, en sintonía con la posición irreductible de los de Victoria. Independiente, Racing y, más atrás, Lanús. “No sé dónde se juega. Si piden la cancha de Lanús no hay problema”, respondió Nicolás Russo, presidente del club granate, ante la consulta de LA NACION. En el teatro de operaciones, un llamado. “Avellaneda no quiere hospedar el partido”, fue la frase. Esa sentencia descartaba como opciones a las canchas de Independiente y Racing. Lanús era visto por algunos como un guiño a Massa, que es Tigre: hasta el mes próximo, Russo ocupa una banca del Frente de Todos en la Legislatura Provincial. Llegó a la coalición de gobierno a través del Frente Renovador, el partido de Massa.

¿Entonces? El gobierno bonaerense precisaba una salida urgente. Kicillof había dado el visto bueno para que se jugara con público. Y fue su jefe de gabinete, Martín Insaurralde, el que autorizó la cancha en la que, al final, se disputará el encuentro: el estadio Florencio Sola, de Banfield. El coliseo del Taladro está emplazado en Peña y Arenales y pertenece a Lomas de Zamora, el pago chico de Insaurralde. Faltaba la aceptación de los clubes, que llegó al promediar la tarde porque, en rigor, no tenían demasiadas alternativas. Hubo una comunicación con los directivos del Taladro, que pusieron el estadio a disposición sin problemas.

Pero el fútbol argentino siempre aporta algo más. En este caso, la tribuna norte del Florencio Sola no tiene alambrados, toda una invitación a la pelea entre hinchas. Gustavo Gómez, el director de APreViDe, contó qué piensan hacer para evitar incidentes: “La popular norte no tiene contención y haremos un pulmón en la cancha de Banfield. Los hinchas valorarán este espectáculo después de 13 años”, dijo Gómez en TyC Sports. La sede de la final por el ascenso y los $500 millones, estaba confirmada. Habrá quienes piensen que Massa y Tigre le torcieron el brazo a Tapia y ganaron el partido de los escritorios. En rigor, el que vale es el del lunes.

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