Champions League: Atlético de Madrid y Barcelona, dos gigantes que se despiden temprano de un torneo impredecible

Diego Simeone, en el centro de la escena; su Atlético de Madrid sólo pudo ganar uno de sus cinco partidos y se quedó al margen de la Champions League
Diego Simeone, en el centro de la escena; su Atlético de Madrid sólo pudo ganar uno de sus cinco partidos y se quedó al margen de la Champions League - Créditos: @JAVIER SORIANO

La jornada del miércoles confirmó, una vez más, que la actual edición de la Champions League tiene un componente de imprevisibilidad mucho más fuerte que en años anteriores. A la sorprendente eliminación de Juventus a manos de Benfica el martes, se le sumaron las despedidas tempranas de Barcelona, que antes de su caída contra Bayern Munich por 3-0 ya conocía su destino gracias a la victoria de Inter, y de Atlético de Madrid, cuyo empate contra Bayer Leverkusen por 2-2 tampoco fue suficiente para meterse en los octavos de final.

Por si fuera poco, el equipo dirigido por Diego Simeone tuvo la oportunidad de sellar su pase en la última jugada, gracias a un penal cobrado luego del pitazo final, pero fue víctima de una sucesión de hechos insólita: el tiro de Yannick Carrasco fue tapado por el arquero Lukas Hradecky, Saúl Ñíguez cabeceó al travesaño en el rebote y luego probó Reinildo, pero su remate se desvió en el propio Carrasco y se fue por arriba.

La increíble seguidilla final de Atlético de Madrid-Bayer Leverkusen

Había expectativa entre los simpatizantes en Madrid al comienzo del duelo. La goleada de Porto sobre el ya clasificado Brujas forzaba a Atlético a ganar sus últimos dos partidos del grupo B para progresar, pero seguía dependiendo de sí mismo, y enfrente estaba un Bayer Leverkusen que marchaba último, con posibilidades mucho más remotas de avanzar. Pero el panorama se complicó muy rápido para los Colchoneros: en menos de 10 minutos ya se encontraban atrás en el marcador, y tan pronto como encontraron el empate volvieron a caer víctimas de desatenciones en la salida y la marca, producto de los nervios de la ocasión. Un gran gol de Rodrigo De Paul le dio envión al equipo del Cholo para buscar el triunfo, pero a su vez los dejó expuestos a contraataques rivales, y pagó muy cara su falta de efectividad, con esa situación final como la máxima expresión de esas falencias.

Fue mucho menos dramático, y mucho más decepcionante para el hincha, lo ocurrido en Barcelona. Quienes se acercaron al Camp Nou previo al partido seguramente tenían su atención lejos de lo que ocurriera dentro del estadio de su equipo, sino en Milán. Después de aquel caótico 3-3 contra Inter en el mismo escenario, sabían que Viktoria Plzen debía vencer al Nerazzurri en Italia si querían llegar a su partido, contra el líder de su grupo Bayern Munich, si querían aspirar a jugar la próxima ronda de la Champions League. Pero el equipo checo nunca estuvo siquiera cerca de arañar un resultado que favorezca a los Culés, y el 4-0 cayó como un mazazo para los catalanes, que ya sabían que el partido que se jugara a continuación no tendría consecuencia: jugarán por segundo año consecutivo la Europa League, que coincide además con las dos temporadas que llevan sin la presencia en el equipo de Lionel Messi. Y al entretiempo, cuando el campeón alemán ya ganaba por 2-0, los simpatizantes le hicieron saber su descontento al equipo con estridentes silbidos mientras volvían al vestuario.

Al mismo tiempo que hacían saber su descontento con los jugadores, desde las tribunas que ocupaban los locales bajaban cánticos con un objetivo claro: “Es una mafia, la UEFA es una mafia”. La parcialidad blaugrana se sentía agraviada por algunas decisiones arbitrales a lo largo de la etapa de grupos, en particular durante el primer partido contra Inter (derrota por 1-0), que consideran la causa de su caída a la Europa League. No obstante, ambos encuentros contra Bayern desnudan las evidentes falencias de un equipo que aún se encuentra en proceso, aunque sus dirigentes hayan buscado acelerarlo con la contratación de estrellas usando dinero que no pueden garantizar que generarán en el futuro. Solo esta caída le costará 20 millones de euros a las sensibles arcas del club, en relación a las previsiones que realizó la gestión de Joan Laporta, y ese número puede aumentar si no llegan lejos en la segunda competición en importancia del Viejo Continente. El presidente había anunciado a principios de temporada que “el Barcelona ha vuelto”, pero la realidad demuestra que todavía falta mucho para que ese regreso se materialice.

Mismo apellido, distinta suerte

Mientras en España un Simeone sufría un golpe fatal para sus aspiraciones, que además aumenta las dudas sobre su futuro, en Italia otro Simeone, Giovanni, continuaba disfrutando de un presente soñado. A pesar de no ser siempre titular en Napoli, compitiendo con Giacomo Raspadori y un Victor Osimhen recientemente recuperado de una lesión, el hijo mayor del Cholo está aprovechando cada oportunidad que le otorga el entrenador Luciano Spalletti, y el 3-0 de su equipo contra Rangers fue una prueba cabal de ello.

Gio marcó los dos primeros goles en una ráfaga de cinco minutos, aprovechando su autosuficiencia para controlar muy bien dos centros al área y definir con autoridad, cualidades que también lo posicionan muy bien para competir por un lugar en el plantel argentino para el Mundial de Qatar. Sus cifras lo hacen merecedor del llamado: solo en Champions League llegó a cuatro goles, los mismos que acumula Lionel Messi en PSG, en misma cantidad de partidos. Y el Cholito se ilusiona: “Mi objetivo principal es demostrarle al técnico de la selección que quiero estar”, aseguró al término del encuentro.

El gran partido de Gio Simeone contra Rangers