Carolina Marín: “Lo vi todo muy negro”

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Madrid, 30 nov (EFE).- La jugadora de bádminton Carolina Marín se siente cada día más cerca de regresar a las pistas tras una grave lesión de casi seis meses y en un camino lleno de sacrificio en el que llegó a verlo “todo muy negro”.

En una entrevista con Efe, asegura que, tras confirmarse el pasado mes de mayo su lesión y quedarse fuera de los Juegos de Tokio, tuvo que marcarse un objetivo claro para no hundirse más “de lo que ya estaba”, confiesa.

“De repente, un mal gesto en uno de los entrenamientos y lo vi todo muy negro. Me costó varios días pero al final siempre intento sacar algo bueno, algo positivo de todo esto”, asegura la tres veces campeona mundial y medallista de oro en Río 2016.

Para Marín y su equipo, los Juegos de París en 2024 son desde entonces el objetivo prioritario.

A finales de mayo, en uno de sus mejores momentos profesionales, sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior y los dos meniscos de la rodilla izquierda que le dejaron fuera del circuito.

Esta es su segunda gran lesión tras romperse el ligamento cruzado en la rodilla derecha durante el Masters de Indonesia de 2019.

“Es cierto que esta recuperación me ha costado mucho más que la otra (...) estaba muy bien mentalmente, muy motivada y con confianza, disfrutando del bádminton”, destaca.

Ahora, casi seis meses después, sus sensaciones son “bastante buenas” y va ganando confianza cada día tras un periodo muy complicado.

“Estos dos últimos años para mí han sido muy duros: Lesión, pérdida familiar (su padre falleció en julio de 2020) y otra lesión. Continuamente cambios muy muy duros. Golpes que te da la vida... pero una tiene que saber adaptarse”, afirma.

Una fortaleza mental que pone a prueba a los atletas y que tuvo recientemente en Naomi Osaka, estrella mundial del tenis, una de sus caras más amarga.

La japonesa puso de relevancia el problema de la salud mental en el deporte de élite tras anunciar su retirada temporal después de luchar contra la depresión durante casi tres años.

“Es, sin duda, la cara más dura del deporte”, que “siempre ha estado ahí” y conviene normalizar, asegura Marín.

“Solamente se ve cuando uno sube al podio, sea para colgarse una medalla de plata, oro o bronce, pero hay muchas cosas detrás (...). Muy poca gente, incluso ni mi familia” sabe realmente todo el esfuerzo y el camino hacia el éxito, afirma.

Para ello, desde que tiene 15 años, Marín ha contado con apoyo psicológico. “Una ayuda muy importante. No lo necesitas porque estés loco o porque estés mal, sino porque estás bien pero te quieres encontrar mejor”.

Con esta puede trabajar “aspectos de ansiedad, de miedo, controlar mis emociones, dentro de la pista,... pero siempre hay algo que se me escapa o algo que tengo que recordar”.

La española aún no descarta recuperarse a tiempo para disputar el Campeonato Mundial de Bádminton que se celebrará en su ciudad natal, Huelva, del 12 al 19 de diciembre.

“Llegar voy a llegar, porque voy a estar dentro o fuera de la pista”, bromea, al tiempo que considera “un sueño” traer el torneo a su tierra y en un pabellón que lleva su nombre.

“Hay una palabra que incluso la tengo tatuada en mi cuerpo, que es la palabra resiliencia que es adaptarse a los cambios (...) empezando por el cambio de elegir el bádminton en vez de flamenco con 8 años”, destaca.

A sus 28 años, son muchos los sueños cumplidos por Carolina Marín desde sus inicios, consciente de haberse convertido en una leyenda del deporte y un icono de su país.

“A día de hoy me sorprende. Hay muchos niños jugando con una raqueta y un volante de bádminton. Es para sentirme muy orgullosa. Una alegría muy grande”, concluye.

Javier Picazo Feliu

(c) Agencia EFE

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