Cada partido que gana Carlos Alcaraz en Wimbledon es un grand slam en sí mismo

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Tennis - Wimbledon - All England Lawn Tennis and Croquet Club, London, Britain - June 27, 2022 Spain's Carlos Alcaraz celebrates after winning his first round match against Germany's Jan-Lennard Struff REUTERS/Matthew Childs
Carlos Alcaraz celebra con alivio tras su victoria del lunes ante Jan-Lennard Struff en Wimbledon (REUTERS/Matthew Childs)

Rafael Nadal fue finalista en Wimbledon en 2006, 2007, 2008, 2010 y 2011. En 2009, no participó por lesión. Cinco finales y dos torneos no están nada mal para un chico especialista en tierra y que jugó la última de esas finales con 25 años recién cumplidos. Ahora bien, antes de ese esplendor, hubo un aprendizaje. Nadal deslumbró al mundo en 2003, cuando se cargó en primera ronda a Mario Ancic. Casi nadie se acuerda ya de este larguísimo jugador croata, pero fue el único en derrotar a Federer en Wimbledon desde 2002... hasta que lo hiciera el propio Rafa en 2008.

Es decir, Nadal ya venía dejando muestras de lo que era capaz en su "torneo favorito", como decía de preadolescente. Y aun así, cuando en 2005 llegó por primera vez como uno de los candidatos al título, tras un año de ensueño que incluía su primer título en Roland Garros, apenas duró dos partidos. Perdió en segunda ronda contra Gilles Müller, un excelente sacador luxemburgués que volvería a ganarle doce años más tarde, en 2017, en octavos de final. El año de la resurrección de Federer.

Es posible que a Alcaraz le pase en 2022 lo mismo que a Rafa en 2005. Tendría incluso más sentido porque Alcaraz no tiene una victoria contra Ancic ni una tercera ronda con diecisiete años en el bolsillo. Todos estamos de acuerdo en que el juego de Carlos se adapta perfectamente a la hierba... pero para eso hacen falta partidos, muchos partidos, en un circuito en el que los jugadores solo pisan la hierba durante un mes... y algunos solo se presentan en Wimbledon, sin experiencia previa.

Alcaraz es un ejemplo de esto último. De hecho, Alcaraz tal vez ha llevado las cosas demasiado lejos. Una cosa es tener talento, otra cosa es intuir que ese talento te va a ayudar en hierba... y una tercera cosa es no pisar esa superficie en la que quieres destacar. Alcaraz se ha presentado en Wimbledon 2022 habiendo jugado solo dos partidos como profesional en hierba. El año pasado le ganó a Uchiyama (254º del mundo) en cinco sets y luego cayó en tres contra Daniil Medvedev. Eso es todo. Este año, en vez de foguearse en Queen´s o en Halle, ha preferido cuidar el brazo y disputar la exhibición de Hurlington. No ganó un set en dos partidos.

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Esa es la realidad. Otra cosa son los discursos y las esperanzas. Yo, por ejemplo, estoy convencido de que Alcaraz acabará haciéndolo bien en hierba y que podrá dominar la superficie como domina las otras dos. También estoy convencido de que, para eso, necesita partidos, necesita horas, necesita conocer los trucos de los botes, los efectos, los rivales agazapados el resto del año que, de repente, disfrutan como niños en Wimbledon. Rivales como Jan-Lennard Struff, que tan cerca estuvo de quitar a Alcaraz de en medio a las primeras de cambio.

Es cierto que Struff en primera ronda es una puñeta. Hablamos de un jugador de rachas, muy bueno cuando está motivado, y cuyo juego sí que es ideal en hierba, con un servicio potente, buen juego de red y una derecha salvaje. Para la historia, quedará ese punto en el tie-break que ganó Alcaraz cuando su rival ya saboreaba el 3-0 a favor y que sirvió para acercarse 2-1 y al final ganar el set. Uno de esos puntos "made in Carlos" que requieren un esfuerzo físico salvaje y un giro de muñeca privilegiado, en este caso, además, a una mano y con el revés.

Ahora bien, llegados a este punto, uno puede lamentarse por los dos sets perdidos y la impresión de que Alcaraz no está entre los candidatos a ganar este año... o alegrarse por los tres ganados y el hecho de que en la siguiente ronda vaya a enfrentarse a otro hueso duro de la hierba, el holandés Griekspoor, que se ha hecho el tríptico Hertogenbosch-Halle-Mallorca durante el mes de junio para llegar a Wimbledon a tope. A estas alturas, cada partido de Carlos es un grand slam en sí mismo. La única oportunidad durante el año de practicar su juego de hierba y perfeccionarlo.

Aunque parte como gran favorito en las casas de apuestas, no sería raro que Alcaraz perdiera en segunda ronda. No deberíamos verlo como un drama, por lo menos. Hasta ahora, le hemos exigido el máximo porque sus condiciones daban para ello. Propongo que en Wimbledon rebajemos un poco el listón y no miremos más allá del siguiente encuentro. Que celebremos cada paso de ronda como un éxito en sí mismo, algo parecido a lo que hacíamos en 2020 o principios de 2021. En cualquier otra superficie, Alcaraz es presente. En hierba, sigue siendo futuro.

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