La baja de Carlos Alcaraz acentúa el drama de España en la Copa Davis

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MADRID, SPAIN - NOVEMBER 24: Sergi Bruguera captain of Spain looks on ahead of the singles final match between Felix Auger-Aliassime of Canada and Roberto Bautista Agut of Spain during Day Seven of the 2019 Davis Cup at La Caja Magica on November 24, 2019 in Madrid, Spain. (Photo by David Aliaga/MB Media/Getty Images)
Photo by David Aliaga/MB Media/Getty Images

Que España sigue siendo una potencia en el mundo del tenis queda claro cuando uno ve que hasta seis españoles están situados entre los cincuenta mejores del ranking de la ATP, aparte de la obviedad de que nuestro país es el campeón vigente de la Copa Davis. Otra cosa es lo que pasa cuando se echa un vistazo más detallado a la situación: de esos seis españoles, cuatro tienen más de treinta años. Uno, Rafa Nadal, lleva meses lesionado y está en la cuesta abajo de su carrera. Otro, Roberto Bautista, viene de un año espantoso. Los dos jóvenes están ausentes de la Copa Davis de este año por diversas razones: Alejandro Davidovich no fue convocado por Sergi Bruguera tras un final de temporada mejorable... y Carlos Alcaraz acaba de dar positivo por coronavirus.

Esta última baja es devastadora para el equipo español de la Davis... y, por extensión, para el público madrileño y la organización. Sin Alcaraz, queda Carreño, brillante medalla de bronce en los pasados Juegos Olímpicos y una sucesión de nombres que tal vez no digan mucho al aficionado medio: Albert Ramos-Vinyolas, un luchador infatigable de torneos menores; Marcel Granollers, excelente doblista; el sustituto Pedro Martínez Portero, que, a sus 24 años, empieza a mostrar algunos síntomas de estancamiento... y Feliciano López, este sí, conocidísimo, pero de 40 años.

Nos quedamos con Feli como ejemplo de lo que es el tenis actualmente en España. El hecho de que Bruguera no haya encontrado a nadie mejor es preocupante. Feli no solo está fuera de los cien mejores del ranking sino que compagina este final de su carrera con la dirección del Masters 1000 de Madrid, un caso único en todo el circuito. Con todo, creo que pocos se opondrán a su presencia: es difícil encontrar a alguien con mayor motivación en la Davis, que tenga mejores resultados históricos en pista indoor y especialmente en Madrid y que pueda alternar los individuales y los dobles con mayor naturalidad.

El problema, por lo tanto, no es Feliciano López. El problema es que no hayan salido en estos últimos veinte años suficientes Felicianos López como para llenar una convocatoria. El problema es que los López, los Verdasco y compañía, a edades improbables, siguen siendo piezas importantes de nuestro tenis ante la falta de relevo. El nombre de Carlos Alcaraz y determinadas actuaciones sueltas de Davidovich están tapando una verdad incómoda desde hace tiempo: en España no hay un relevo sólido a la generación de Nadal, Ferrer y compañía. Una generación, por otro lado, casi imposible de relevar.

Feliciano López during day seight of the Mutua Madrid Open at La Caja Magica on May 11, 2019 in Madrid, Spain (Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto via Getty Images)
Feliciano López ejerciendo de director del Open Mutua Madrid (Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto via Getty Images)

Tal vez haya llegado el momento de considerar que lo que ha pasado en los últimos treinta años en España es la anomalía y no la regla. A la generación de Bruguera, Carlos Costa y Arrese le siguió la de Corretja, Moyà y Albert Costa. Tras ellos, aparecieron Ferrero, López y Verdasco. Pocos años después, la explosión algo tardía de David Ferrer junto a la temprana de Rafa Nadal. Ese ritmo es muy difícil de sostener, por supuesto, y hacía que a principios y mediados de los 2000, se juntaran trece o catorce españoles entre los cien primeros, un dominio insultante respecto a otros países.

Ahora bien, desde el primer triunfo de Rafa en Roland Garros (2005), ¿cuántos españoles han surgido que puedan disputar grandes torneos? Llevamos casi una década viviendo de dos excelentes segundos espadas como Pablo Carreño y Roberto Bautista. Nunca hay que menospreciar a alguien que se cuela entre los diez mejores del mundo en cualquier profesión. El mérito es enorme. Ahora bien, estábamos acostumbrados a otra cosa: ni Bautista ha rendido nunca bien en grand slam -salvo aquellas semifinales en Wimbledon 2019- ni Carreño ha conseguido alcanzar la regularidad necesaria para hincharse a jugar ATP Finals. Talento le sobra, y, si no, que le pregunten a Djokovic.

Más allá de Alcaraz, y, quizá, Davidovich, no hay nada. Comoquiera que ninguno de los dos estará en Madrid, el equipo español de la Davis se ha quedado más que cojo. Pocos nombres con los que ilusionar a grada y a medios. Eso no quiere decir que no vaya a ser competitivo, ojo, porque el dobles va a ser bueno y Carreño es Carreño. Incluso Martínez o Ramos pueden ganar a cualquiera en un partido a vida o muerte. El problema es que, enfrente, va a estar Rusia. Y que Rusia va con Medvedev, Rublev y Karatsev. De hecho, parece el único país que se ha tomado esta competición en serio.

Tanto por las fechas como por las desgracias varias que comentábamos el otro día, el nuevo formato de la Davis está pasando por todo tipo de penurias. Que la estrella local dé positivo un día antes de su debut es la gota que colma el vaso. Que la alternativa sea un jugador relativamente poco conocido -aunque, insisto, potencial ha tenido siempre- da una idea de la falta de recursos en general del tenis español. Repetir el triunfo de 2019 parece ahora mismo una quimera; ahora bien, en Madrid todo es posible. Pase lo que pase, habrá que seguir invirtiendo en futuro y siendo paciente. Juntas tres Alcaraz y te comes el mundo. Ahora bien, hay que juntarlos, claro, como si fuera fácil.

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