Canelo Álvarez y Julio César Chávez Jr., los rostros de la fortuna y la desgracia

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Saúl 'Canelo' Álvarez venció a Chávez Jr. por decisión unánime en mayo de 2017. (Mandatory Credit: Joe Camporeale-USA TODAY Sports)
Saúl 'Canelo' Álvarez venció a Chávez Jr. por decisión unánime en mayo de 2017. (Mandatory Credit: Joe Camporeale-USA TODAY Sports)

Saúl Álvarez y Julio César Chávez siempre caminaron en la misma dirección. La televisión los señaló como los nuevos hijos pródigos del boxeo mexicano. Era un mandato bajado del cielo. Ellos tenían que hacer el trabajo sucio arriba del ring, pero las cartas ya estaban echadas. El éxito en solitario nunca es verdadero éxito. Se necesita oposición: un enemigo en el cual espejarse. El Junior y el Canelo siempre se vieron con recelo. La gloria no se comparte.

Todo empezó en 2006. El boxeo regresó a la televisión abierta en México y el aficionado despertó del coma. Marco Barrera y Érik Morales ya le habían ofrendado sus mejores noches a los pagos por evento. Por su parte, Juan Manuel Márquez todavía peleaba por ganar los reflectores que su boxeo merecía. Volver a la pantalla chica era la primera tarea. Faltaba lo más complicado: encontrar referentes.

El último ídolo en toda regla no podía ser otro: Julio César Chávez. La secuencia, por lo tanto, apuntaba a una dirección muy clara. Colocar a su hijo en el aparador y exhibirlo como un talento en ciernes. Julito tenía mucho que mejorar, pero el tiempo le jugaba a favor. Al mismo tiempo comenzaba a asomar un pelirrojo de Guadalajara al que se le atribuían facultades de buen pegador. Se llamaba Saúl Álvarez y le decían Canelo. No era nada del otro mundo, pero le acompañaba un aura distinta: su carisma conectó desde el principio con la afición tapatía. Algún visionario supo entender que ese magnetismo era extrapolable.

Álvarez calificaba como prospecto llamativo, pero no tenía el glamour necesario. Por eso desde el primer momento entendió que para escalar a la cumbre tenía que retar al elegido. Nunca escatimó en provocaciones con dedicatoria para el Hijo de la Leyenda. En algún momento tendría que pasar. “Canelo sueña todas las noches con enfrentar a Julio César Chávez Jr”, dijo el comentarista Eduardo Lamazón el 18 de agosto de 2007. La pelea se llevó a cabo diez años después, cuando ya todo era diferente. A Canelo siempre le preguntaban por Chávez y él hacía lo mismo en cada ocasión cual autómata: retarlo a subirse al ring y acabar con las dudas.

En ese contexto, la polarización estalló cuando Álvarez se marchó a Televisa. Con esa movida, ambas televisoras se hicieron de una joya para su bando. Expertos en el arte de insuflar reflectores, los dos gigantes amoldaron el camino de sus elegidos. Tenían que ser metódicos y cautelosos. Llenaron sus carteleras de peleadores anónimos que no supusieran grandes problemas. En 2011, los dos elegidos se coronaron campeones del mundo. Canelo de peso superwelter y Chávez de peso mediano.

Pero 2012 fue el año que acabó con la inocencia. Chávez había hecho tres defensas sólidas del campeonato mundial. Su boxeo adquirió nuevos matices. Nadie podría decir que era un improvisado. Con la tutela de Freddie Roach, el mejor entrenador del mundo, el Junior añadió cualidades técnicas a su repertorio que acallaron a sus críticos. Parecía que iba en serio, que no todo era obra de papá. El César tenía motivos de orgullo.

Álvarez ganó su primer título del mundo en 2011; lo mismo que Chávez Jr. (Mandatory Credit: Action Images / Jason Redmond  Livepic)
Álvarez ganó su primer título del mundo en 2011; lo mismo que Chávez Jr. (Mandatory Credit: Action Images / Jason Redmond Livepic)

Pues no. El castillo de naipes se cayó. Chávez Jr. perdió el título contra Sergio Maravilla Martínez y dio positivo a marihuana. Nada volvió a ser igual. Enfrentó a rivales de poca monta que ahondaron en su decadencia. Julito quedó en el recuerdo de lo que pudo ser. Escándalo tras escándalo, su prestigio en el ring quedó dilapidado cuando sufrió el primer nocaut de su carrera en 2015 contra el polaco Andrzej Fonfara.

Un año después de la caída de Chávez, Canelo vivió su propio infierno. El responsable fue un boxeador de otra galaxia: Floyd Mayweather Jr. Money se divirtió de principio a fin. Todavía hoy alardea de aquella victoria, pero en el fondo hasta él entiende que hubo algo de nobleza en el repaso que le propinó al mexicano. Lo llevó a la escuela para enseñarle lecciones fundamentales en su camino al estrellato.

Mayweather convirtió a Saúl Álvarez en un monstruo. La evidencia sobra. Canelo no volvió a perder contra nadie y se coronó campeón del mundo en cuatro divisiones. Miguel Cotto, Gennady Golovkin, James Kirkland, Callum Smith, Caleb Plant y los que se sumen. El listado registra a quince peleadores incapaces de doblegar al pelirrojo. Floyd desarrolló el personaje: convirtió a su endeble rival en el mejor boxeador del mundo. La adecuada concepción de la derrota puede abrir puertas celestiales.

Cuando Canelo y Chávez Jr. finalmente pelearon, en mayo de 2017, todo pareció una pantomima. Álvarez ejerció de solista en el ring. No sudó para dominar un combate sin el mínimo asomo de respuesta. No lo noqueó porque no quiso. Durante la previa dejó claro que no tenía respeto por su oponente y, de paso, rescató reproches de viejos tiempos: “Tú podías hacer la pelea porque eras el Lado A. ¿La hiciste? No. Ahora yo soy el Lado A y yo hice la pelea”, le dijo Canelo a Chávez en el careo de HBO.

Hoy Saúl Álvarez es la cara del boxeo mundial. Su dominio no tiene fecha de caducidad. Cumplió con la encomienda. Chávez Jr. perdió la brújula hace mucho tiempo. Los guantes y el ring son lo menos preocupante en su caótica vida. Parece que fue ayer cuando ambos iluminaron los televisores con sus optimistas rostros de niño. El destino hizo su trabajo.

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