El calor de un partido grande, reverencias al capitán y el título de América en el aire

  • Disculpa el inconveniente.
    Algo salió mal.
    Inténtalo de nuevo más tarde.
·4  min de lectura
En este artículo:
  • Disculpa el inconveniente.
    Algo salió mal.
    Inténtalo de nuevo más tarde.
Mundo celeste y blanco; el Monumental vivió una fiesta singular con el triunfo de Argentina
Gustavo Garello

Alfredo, que llegó desde Bahía Blanca para ver a la selección por primera vez en su vida, desconocía una de las reglas básicas de ceremonial, etiqueta y protocolo: no se podía ingresar al Monumental con camisetas de clubes. Sólo con la de Argentina, en cualquiera de sus acepciones: la tradicional campeona de América, la negra alternativa, alguna con los colores pero la marca de un sponsor en lugar del escudo de la AFA, otras con la cara de Maradona en el pecho, cantidades de ediciones anteriores a “la nueva”... La cuestión es que Alfredo tenía la de Villa Mitre, de su ciudad, y tuvo que darle la vuelta y ponérsela al revés cuando se enteró de que estaba en falta. “Igual, si me apurás, prefiero que gane mi equipo”, admite con aire desentendido, pegado a su teléfono móvil para seguir el resultado del partido que a esa hora (las 17) se jugaba en Bahía. El 3-0 ante Sportivo Desamparados de San Juan le habrá dibujado una sonrisa grande a Alfredo cuando ya había trepado los escalones de la tribuna Centenario, desde donde iba a seguir a Messi.

Familias, chicos... las postales de un domingo feliz en el Monumental, con muchas sonrisas
Gustavo Garello


Familias, chicos... las postales de un domingo feliz en el Monumental, con muchas sonrisas (Gustavo Garello/)

La escenografía de las calles que rodean al Monumental, una hora antes del comienzo, era una postal que revive cada vez que juega la selección: charlas desordenadas, algún intento de iniciar una canción que enseguida fracasaba, mucha calma y grupos familiares por todos lados. Se sabe, el fútbol de los clubes no tiene nada que ver con estos episodios más asociados al placer y la admiración –miles de chicos debutan en la cancha en partidos así– que a los empujones y las barras bravas. Por la avenida Udaondo, el ulular de las motos que custodiaban el ómnibus de la Argentina sonó más fuerte cuando se abrió el portón de ingreso en el estadio y los jugadores entraron, algunos mirando por las ventanas y otros, su teléfono. Otra vez: al verlos pasar, vino un rebrote de pasión y gritos de los que en ese momento se acercaban al ingreso, entrada en mano.

Una bandera para siempre: Messi y la Copa América que terminó con años de frustraciones para la selección
Natacha Pisarenko


Una bandera para siempre: Messi y la Copa América que terminó con años de frustraciones para la selección (Natacha Pisarenko/)

Si el partido ante Bolivia, un mes atrás, había sido el del reencuentro con el público y la celebración de la gesta del Maracaná, el de este domingo proponía un partido a fondo, con un rival exigente. Pero en el aire seguía flotando la sensación del título. A las 19.43, cuando los arqueros argentinos entraron a hacer el calentamiento, vino la primera doble explosión: “¡Olé, olé, olé, olé, Dibu, Dibuuu!”, acompañó el público el ingreso de Martínez, el nuevo ídolo; detrás, pegado, llegó el “¡dale campeón, dale campeón!”. Empezaba a armarse el clima de partido grande, típico de noches así. Tanto que cuando los uruguayos saltaron al césped impecable de River con el mariscal Godín adelante, llegó el estruendo del silbido. “Ohhh, son una provincia, uruguayos…”, clamaron desde las cabeceras con un verso final que, por respeto al buen gusto y la hermandad rioplatense, este cronista evita que usted lea.

Messi, siempre Messi. En todos los rincones, banderas y pancartas para el capitán del seleccionado
Gustavo Garello


Messi, siempre Messi. En todos los rincones, banderas y pancartas para el capitán del seleccionado (Gustavo Garello/)

¿Y los cuidados? Desde varias cuadras antes, la policía dividía al público para que avanzara por grupos y evitar aglomeraciones. Se caminaba cómodo, y la portación del DNI alcanzaba para superar esos primeros controles. Si hasta un revendedor andaba a sus anchas, ofreciendo tickets para la tribuna Sívori que sacaba del bolsillo de su campera, a la altura de la Avenida del Libertador. En las dos tribunas populares (Centenario y Sívori altas) se advertía que había claramente más público que el 50 por ciento de aforo permitido. En las plateas San Martín y Belgrano la gente se amuchaba lo más cerca posible del centro, lo cual hacía parecer que eran más de los permitidos, aunque allí si el número resultaba acorde con lo indicado.

Amigos son los amigos: Messi y Luis Suárez se saludan antes del encuentro
Natacha Pisarenko


Amigos son los amigos: Messi y Luis Suárez se saludan antes del encuentro (Natacha Pisarenko/)

En lo que no hubo distingos fue en el ranking de ovaciones, con un ganador cantado. Nadie se acordó del Covid cuando apareció la figura de Leo Messi al frente, seguido de sus compañeros, para entrar en calor. Atronó el “que de la mano de Leo Messi todos la vuelta vamos a dar”, que el 10 correspondió con el brazo derecho extendido. Faltaba todavía para que empezara su rutina de tiros libres para mover la zurda, un prólogo que desde hace rato captan las cámaras de TV antes de los partidos, y que sufren sus compañeros arqueros. “Meeessi, Meeessi”, bajó entonces la plegaria unánime para el rey mundial de la pelota cuando su apellido salió de los altoparlantes. Y eso que su verdadero show, el que agotó las entradas en tres horas, ni siquiera había empezado...

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.