La breve clase de cocina y penaltis entre Maradona y Fidel Castro

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Un año después de conquistar la Copa del Mundo con Argentina, Diego Armando Maradona visitó Cuba para reunirse con Fidel Castro, líder de la revolución cubana. El mandatario recibió al genio del futbol mundial con efusividad, como si se tratara del ídolo de su infancia. No podía creer que lo tenía enfrente.

Con libreta en mano, comportándose como un alumno que asiste a una masterclass, Castro se puso a sus órdenes para tomar nota sobre los secretos de juego que poseía el crack.

Le preguntó, por ejemplo, si hay un método preciso y exacto para tirar un penalti. El Diego respondió que lo adecuado para él era mirar primero al arquero y así apelar a la intuición para pegarle a la pelota con dirección opuesta al lado donde habría de lanzarse el portero. Castro anotó esa indicación sin reparar en que el mismísimo Maradona de vez en cuando fallaba desde el manchón.

Para salir de dudas, Fidel cuestionó qué pasaba si el guardameta adivinaba el disparo. "Por eso siempre hay que pegarle con fuerza al balón", acotó el Pelusa.

Después de esa sesión procedieron a comer, no sin antes dar un recorrido por la cocina, lugar sagrado para Castro porque le gustaba guisar. Y así se lo demostró tanto a Diego como a Doña Tota, su madre, y Claudia, su esposa. Tal como lo hizo el anfitrión con el barrilete cósmico, ellas hicieron lo propio con él: escribieron en libretas varios apuntes culinarios y gastronómicos que Fidel les compartía.

Observaron cómo el mandatario preparaba los alimentos al mismo tiempo que iba dándoles sugerencias sobre sazón, cantidades, tiempos de cocción, elección de los ingredientes a utilizar. Doña Tota, Claudia y Diego veían a un chef, no a un líder político.

Versiones no confirmadas de aquel primer encuentro entre Castro y Maradona en julio de 1987, más mito que verdad, cuentan que al día siguiente Fidel se puso a practicar penaltis con un guardia y Diego pidió permiso para ocupar la cocina con deseos de poner a prueba las lecciones anotadas por su madre y esposa.

Lo cierto es que entre comida y penaltis nació la cuestionada y criticada amistad entre ambos. Pero esa es otra historia.

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