Boxing day: tradición, fiesta y negocio

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Pep Guardiola, entrenador de Manchester City
Sebastián Domenech

El 23 de diciembre de 1863 Hanna Cullwick madrugó para encender el fuego en la cocina. Un pavo y ocho pollos para un total de cuarenta personas, más sopa caliente. Ese día trabajó hasta la medianoche. A las cuatro se levantó otra vez para controlar el fuego. Agua caliente y calor a las habitaciones de cada uno de los invitados. Veinticuatro horas seguidas, sin parar, hasta que terminó la fiesta en la casa de la familia Foster. El diario de Hannah es uno de los pocos registros personales sobre el trabajo de la servidumbre en los días de Navidad. Días también de tradicional caridad en la Inglaterra victoriana. “¿Está la mesa puesta para los pobres?”, ironizaba The Times en una crónica de 1876. “¿La caridad pasea por el pueblo para ver que los desnudos estén vestidos, los hambrientos alimentados y los ancianos protegidos?” Al día siguiente de la Navidad, los sirvientes podían llevar a sus familias las sobras del festín. Lo hacían en cajas (boxes) especialmente preparadas. El Boxing Day.

Además de teatro, danzas, canciones y otras diversiones y espectáculos, el día festivo del Boxing Day incluyó al fútbol. Casi diez mil personas para ver en 1889 a “Los Invencibles” de Preston North End, campeón en tiempos de profesionalismo incipiente. La historia registra equipos que jugaban dos partidos el día de la Navidad y un tercero al día siguiente. Había que jugar aún sin Arthur Bridgett, capitán mítico de Sunderland, baja por motivos religiosos. Tampoco importaba que en 1940 la guerra provocara ausencias masivas y Brighton, con un hincha en el arco, perdiera 18-0. Había que jugar usando hasta prisioneros de guerra alemanes, como hizo el Hatfield Health en 1946. Jugar aunque se desatara una tormenta de nieve (el escocés James Main murió en 1909 tras un choque violento en una cancha cubierta de hielo). Jugar aunque la niebla tapara todo, como en 1937, cuando Sam Bartram, arquero de Chelsea, permaneció quince minutos en la cancha sin advertir que el partido había sido suspendido. Y, ya en estos tiempos de nueva ola de Covid 19, jugar aunque estallen casos por todos lados, los hinchas abarroten los estadios, y algunos partidos deban aplazarse porque hay equipos diezmados por el virus.

“¿Deberían unirse jugadores y entrenadores y hacer una huelga?”. Solo Pep Guardiola, DT del poderoso y notable Manchester City, podía animarse a pronunciar una palabra prohibida en la Liga más millonaria del fútbol mundial. Protestaron otros, pero ni siquiera Maheta Molango, líder sindical de los futbolistas, se animó a sugerir al menos la posibilidad de un paro. Son jugadores (una minoría) reacia inclusive a vacunarse. Pero una mayoría temerosa ante todo a las consecuencias del Covid en sus físicos, herramienta central de su trabajo. Preocupados porque la Premier es la única Liga que, aún en medio del virus (sufrió 103 casos la última semana), mantiene su durísimo calendario de fin de año. “Ridículo”, dijo el DT Brendan Rodgers después de que Leicester, goleado el domingo por el City, fue obligado a jugar ayer (y a ganarle) a Liverpool, al que ahora le tocan cinco partidos en quince días. La Premier aceptó debatir su calendario, pero solo después de garantizar el Boxing Day. Ni siquiera aprobó volver a los cinco cambios de jugadores por partido.

El español Pep Guardiola, DT de Manchester City, uno de los pocos que alzó la voz en medio de la pandemia de coronavirus y el Boxing Day en la Premier League
ADRIAN DENNIS


El español Pep Guardiola, DT de Manchester City, uno de los pocos que alzó la voz en medio de la pandemia de coronavirus y el Boxing Day en la Premier League (ADRIAN DENNIS/)

El fútbol inglés fue escenario de uno de los principales acontecimientos que vivió la pelota en 2021. Miles de hinchas saliendo a las calles en plena pandemia para obligar a los millonarios dueños de sus clubes a que dieran marcha atrás con la elitista Superliga europea que habían armado para jugar solo entre ellos mismos. El proyecto separatista fue derrotado, pero el hecho de que el sitio web de la Superliga siga vigente, dicen especialistas, “no es un descuido, sino una advertencia”. Son patrones de pasaportes y dineros amplios que compran clubes y cracks y nos venden el mejor espectáculo que tiene hoy el fútbol. ¿O acaso este último Boxing Day, aun con todas las limitaciones del virus y las abismales diferencias de poderío, no nos ofreció un nuevo festival de equipos que corren y atacan hasta el último minuto? Día de rebajas y consumo, el Boxing Day le gana al Black Friday. Tiene a la Premier League. Y la oferta no sale gratis.

Hinchas de Manchester United se opusieron a la Superliga europea y hasta se pusieron en contra de sus clubes
OLI SCARFF


Hinchas de Manchester United se opusieron a la Superliga europea y hasta se pusieron en contra de sus clubes (OLI SCARFF/)

El Boxing Day cotiza aparte. El contrato de TV 2019-22 prevé un extra de casi 107 millones de euros por dos fechas enteras de cada temporada, una de ellas, claro, la del Boxing Day, un 26 de diciembre a puro fútbol y que vale algo así como dos años enteros de TV del fútbol argentino. Por eso no hubo ómicron posible que parara a la pelota. Amazon es la dueña de ese paquete. Un símil de Amazon es la villana del último filme del cineasta británico Ken Loach (Lazos de familia). Un obrero que no es empleado sino “socio” de una empresa que lo obliga a comprarle una camioneta para realizar el reparto. Sirvientes siglo 21. A cambio de resignar descanso y familia, los millonarios jugadores de la Premier cobran al menos un cinco por ciento del contrato de Amazon. Es mucho más que la caja navideña del Boxing Day.

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