Boca - River: Marcelo Gallardo y un golpe que sacude los cimientos de su ciclo

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Marcelo Gallardo se saluda afectuosamente con Hugo Ibarra, minutos antes del comienzo del encuentro
Marcelo Gallardo se saluda afectuosamente con Hugo Ibarra, minutos antes del comienzo del encuentro - Créditos: @Fabián Marelli

Marcelo Gallardo escuchó el pitazo final de Darío Herrera mientras unos banderones azul y oro que colgaban desde el palco comenzaban a envolverlo en el banco de suplentes visitante. Fue la última escena de una tarde negra del Muñeco en La Bombonera. Mientras Boca desataba su carnaval, Gallardo desandó su caminata de la derrota hacia el vestuario con una sensación extraña: sólo una vez en su carrera le había tocado presenciar el festejo local, en 2015, hace ya siete años, un triunfo del Boca de Rodolfo Arruabarrena con goles de Pablo Pérez y Cristian Pavón .

Se sabe que Gallardo es mucho más que un entrenador para River. Y que la piedra fundamental sobre la que se construyó su enorme figura tiene que ver con las tres victorias ante Boca en los cruces por copas internacionales. Sin embargo esta derrota por 1 a 0 quedará marcada por las decisiones llamativas de Gallardo, que salió a jugar con una formación impensada desde los nombres y desde el dibujo, con tres modificaciones en el entretiempo. “Equivocarme me puedo equivocar siempre. Mismo haciendo las cosas bien también me puedo equivocar. Teníamos dos planes de juego. Uno fue el del primer tiempo, con salidas por los costados con los laterales avanzados y un enlace que se juntara con De la Cruz. Tenía pensado también hacer cambios y pasar a jugar como lo hicimos”, fue la explicación del técnico a la salida del vestuario, con muestras de fastidio evidentes.

Gallardo, durante su show de indicaciones en la Bombonera
Gallardo, durante su show de indicaciones en la Bombonera - Créditos: @Aníbal Greco

No le salió nada en este primer duelo ante Hugo Benjamín Ibarra fuera del campo. Como suele ocurrir para cada encuentro clave, el DT puso su marca en el equipo con alguna innovación en la formación. Esta vez las sorpresas fueron varias. Línea de cinco defensores, con Mamanna como último hombre, más Herrera y Casco por los costados. Un mediocampo conformado por Enzo Pérez, De la Cruz y Juanfer Quintero. Y arriba dos puntas ligeros, sin referencia en la delantera: Matías Suárez y Pablo Solari. No sólo el esquema fue una rareza. También los nombres. Suárez no jugaba como titular hace casi seis meses, desde abril. Y para Quintero fue la primera vez como titular en un clásico ante Boca. Hasta esta derrota, las cuatro veces que estuvo en un superclásico lo había hecho ingresando desde el banco.

La búsqueda inicial parecía ser la de un equipo que buscaba salir con transiciones rápidas, con lanzamientos largos para aprovechar la velocidad de Suárez y Solari. Duró apenas un tiempo. En el vestuario, Gallardo mezcló las cartas y repartió otra vez. Al segundo tiempo River salió a la cancha con Aliendro, Borja y Barco. Afuera quedaron Quintero, Solari y Herrera. Tres cambios en el entretiempo: otra rareza. “Son las apuestas estratégicas de los entrenadores. A veces salen y a veces no “, relativizó Gallardo sobre el esquema con el que salió a jugar el equipo ante Boca. La insistencia en la pregunta por la línea de cinco en el fondo lo molestó: “Por supuesto que esto lo entrenamos. Todo el año lo entrenamos. Aparte, no la acomoden como les conviene: el partido lo perdimos en el segundo tiempo cuando ya teníamos cuatro defensores. Intentamos de alguna forma sorprender y hoy no lo pudimos hacer”.

El dibujo para la segunda mitad fue un 4-3-1-2, con Barco suelto detrás de los puntas. Tampoco dio resultado. Cuando al partido le quedaba casi media hora agotó los cambios: Beltrán por Suárez y Palavecino por el lesionado Aliendro, que apenas pudo jugar poco más de 20 minutos y terminó el partido en el Hospital Finochietto por una fractura en el pómulo. River pasó de arrancar sin referencia en el área a terminar con el doble nueve. “Nos queda en el debe no haber ido a buscar el partido después del golpe, teníamos jugadores para hacerlo pero no generamos situaciones”, lamentó el DT.

Este segundo clásico del año parece ser un resumen del 2022 de River, que hasta ahora viene sin alegrías: dos caídas ante Boca (ambas 0-1), eliminación temprana en la Copa Libertadores (Vélez, en octavos) y en la Copa de la Liga (Tigre, en los cuartos de final). Pero no son sólo se mide en resultados. Gallardo nunca encontró la forma ni los nombres. Una búsqueda que se elevó a la enésima potencia en La Bombonera. Pinola, Un golpe que sacude cimientos. Casco, Borja y Enzo Pérez se acercaron en distintos momentos del partido hasta el corralito del entrenador para recibir alguna indicación.

“A nosotros nos estimula ir a la cancha de Boca, nos da ganas de ir e imponernos”, había dicho el entrenador en la previa, en la búsqueda de que el Superclásico funcione como trampolín anímico. No sucedió. River se fue derrotado, sin respuestas. Incluso con una sensación casi inédita: con las dudas sembradas en las decisiones de su técnico. En la visita número 12 a este estadio como entrenador de River, a Gallardo se le torció el historial en La Bombonera: seis empates (con una eliminación por penales incluida), tres victorias y tres derrotas (con una clasificación a la final de la Libertadores incluida). Ahora sólo queda pensar en la Copa Argentina y en las nueve fechas de un torneo que después de esta derrota en el Superclásico ya parece lejos.