Boca - Racing, por el Trofeo de Campeones: por qué ganar representa un alivio y perder... un dolor de cabeza con consecuencias inesperadas

Escena del partido que disputan Boca Juniors y Racing Club por el Trofeo de Campeones
Escena del partido que disputan Boca Juniors y Racing Club por el Trofeo de Campeones - Créditos: @Marcelo Aguilar

La propuesta “estrellas para todos”, resulta una trampa. La idea de que casi todos (los poderosos y los humildes), puedan aspirar a conseguir un título doméstico, no siempre parece un aliciente. A veces, detrás de la gloria, puede convertirse en un callejón sin salida. La ambición de Patronato, el digno campeón de la Copa Argentina, representa toda una contradicción: en pocos días va a sufrir un extraordinario éxodo de sus mejores intérpretes (tal vez, el propio entrenador, Facundo Sava), y con un plantel renovado y de dudosa capacidad, deberá pensar en regresar a primera, al mismo tiempo de integrar una inédita y despareja participación en la próxima Copa Libertadores. No acabar último en su zona significaría un milagro.

Copa de la Liga, la Liga Profesional, Copa Argentina y diversos partidos decisivos (en nuestro país, en Emiratos Arabes o en donde resulte un mejor aliciente económico) confirman la tendencia. De la Supercopa Argentina al Trofeo de Campeones 2022, un experimento, tras otro, entre el campeón de la Copa de la Liga y el ganador de la Liga Profesional. Como es el mismo, Boca, hubo que hacer un desempate entre el finalista anterior, Tigre y el subcampeón actual, Racing. Y esta tarde, desde las 17, en un estadio moderno, pequeño y alejado de las grandes luces, en San Luis, habrá otro campeón. Otro más.

Nada más festivo que una nueva vuelta olímpica. Sin embargo, la situación no resulta tan sencilla. Hugo Ibarra, por ejemplo: pasó de consagrarse con un equipo estable de jóvenes probados a una inestabilidad que una nueva derrota hasta lo podría alejarse del banco de suplentes en 2023. De pronto, el penal atajado por Franco Armani en el Cilindro, primero y la decisión de mantener en la serie decisiva a Javi García en las semifinales de la Copa Argentina, por el otro, le están haciendo un nudo en la garganta. Campeón repetido en el terreno doméstico, Boca no puede permitirse (no se lo permite su mundo interno, el Mundo Boca) un nuevo resbalón. Justo en una final, justo contra Racing.

La hipótesis de un nuevo título, entonces, se ofrece en un terreno resbaladizo, inesperado apenas un puñado de semanas atrás. Jugar, competir, cazar trofeos (algunos de valor irreprochable, como la sólida Liga Profesional, que consiguió con una admirable fuerza de voluntad y resiliencia), tiene sus riesgos. La victoria parece un alivio; la derrota, una condena, aunque todos sabemos que este trofeo no debería modificar la percepción de nada ni de nadie.

Porque no hay duda alguna: Boca es el mejor exponente del medio. Tal vez, no fue el más vistoso, pero resultó el más regular, de Sebastián Battaglia a Ibarra, en el traumático año, que lo tuvo todo. Polémicas, rencillas internas, frases fuera de contexto. Boca se sobrepuso a todo, también a las lesiones de sus caudillos. Dos títulos y la hipótesis de uno más, sin embargo, representan una parte de la historia.

Agustín Rossi, el arquero, indispensable en todo el trayecto, no sabe si continuará. Lo mismo ocurre con el DT, aunque parezca descabellado. Otra vez, la Copa Libertadores aparece en el horizonte. Falta un siglo y la garantía de éxito se desvanece desde 2007, pero el cuerpo y la mente siguen allí. Esta finalísima se ofrece como un trofeo tan valioso para la estadística como incómodo para la proyección copera. “En Boca hay que ganar, ganar siempre. Ganar como sea, pero ganar”, dijo, tiempo atrás, el dueño del arco.

Probablemente, Agustín Rossi fue el valor más regular en 2022 en el fútbol argentino
Probablemente, Agustín Rossi fue el valor más regular en 2022 en el fútbol argentino - Créditos: @Alfieri Mauro

Algo parecido, desde otro punto de vista, ocurre en Racing, castigado hasta el suplicio por no haber marcado un penal que habría significado una inesperada consagración. “Yo estoy muy convencido de lo que hicieron todo el año estos jugadores. Y ahora tenemos por delante una final para intentar cerrar de la mejor forma el año futbolístico. Somos una institución grande y estamos obligados a ganar todos los torneos en los que competimos. Y a eso ha apostado este equipo desde el principio”, sugiere Fernando Gago, el entrenador. La tabla anual lo confirma: fue el mejor. Al menos, el conjunto que más puntos consiguió. Sin vueltas olímpicas.

Derrumbado, agobiado hasta por la propia tropa (hinchas, dirigentes, famosos), se recompuso con la confirmación de que el fútbol es un deporte mágico, extraordinario. De un 0-2 con Tigre, sin Copetti, el goleador castigado, tuvo la fortaleza anímica suficiente para ganar y volver a intentarlo. La hipótesis de este título, desde ya, tiene otro valor. Pero ganarla ante Boca, cuando parecía al borde del precipicio, le daría un empuje inobjetable.

¿Y una derrota? ¿Cómo sería asimilada una nueva derrota? El fútbol, está comprobado, es una materia indescifrable. Nada garantiza el éxito del futuro: ni siquiera, una nueva estrella. Con bajas, desgastado físicamente (la Academia jugó el miércoles 120 minutos eléctricos), con la idea de la audacia un poco caída en desuso, con repetidos fallos defensivos, Racing va. Choca, cae y se levanta. No es poco. Más entero desde lo físico, pero con bajas imprescindibles en todo el recorrido (¿juega Benedetto?), Boca es el compromiso táctico, la solidez, ganar, ganar, ganar. No es poco.

Gómez y todo Racing, demostraron que siguen vigentes
Gómez y todo Racing, demostraron que siguen vigentes - Créditos: @Fotobaires

El fútbol argentino tendrá un nuevo campeón. Una nueva estrella, para que el hincha sienta más orgullo de sus colores. El que no gane, tendrá consecuencias internas. Es inevitable, lamentablemente.