Boca: Luca Langoni, el delantero atrevido, con el gen de la gambeta y sentido de pertenencia

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Luca Langoni grita con furia el segundo gol que marcó para el 2-1 de Boca ante Atlético Tucumán, en la Bombonera; una noche soñada para el N° 41, que celebra con Alan Varela y Luis Vázquez
Luca Langoni grita con furia el segundo gol que marcó para el 2-1 de Boca ante Atlético Tucumán, en la Bombonera; una noche soñada para el N° 41, que celebra con Alan Varela y Luis Vázquez - Créditos: @Mauro Alfieri

A veces, el tren pasa sólo en una oportunidad. Más aún para un equipo como Boca, atrapado por sus problemas internos y la improvisación con la que afronta gran parte de la presente Liga Profesional: antes de enfrentar al puntero Atlético Tucumán, tenía por delante doce once encuentros hasta el final, pero a esa altura ya se jugaba –posiblemente- la última ficha para aspirar a dar pelea hasta el final. Aparentaba ser un día más de dolores de cabeza y las tribunas de la Bombonera así lo trasladaban, pero apareció un chico de 19 años que, en su séptimo encuentro con la camiseta azul y oro, rompió todo con dos golazos para que el elenco de Hugo Ibarra se adueñara de tres puntos vitales: Luca Langoni tuvo su noche soñada en el 2-1.

Y, por qué no, también se ganó sus propios tantos para ser una opción recurrente para el técnico xeneize y una nueva ilusión para el hincha con respecto a otra joya del club. Porque se sintió mucho en la gente la pérdida por lesión de Exequiel Zeballos tras la brutal patada de Milton Leyendeker, defensor de Agropecuario, que lo mandó al quirófano. No obstante, ya se insinuaba que atrás del extremo santiagueño había alguien de características similares: atrevido, con el gen de la gambeta y con el sentido de pertenencia.

Ese es Langoni. El que, a los 41 minutos del complemento, corrió de felicidad revoleando la camiseta porque festejaba su segundo gol en la institución en la misma noche que también hizo el primero, todo en nueve minutos. Responsable total del triunfo, como así también Ibarra y su cuerpo técnico: por un desempeño demasiado dependiente de Sebastián Villa y, por ende, previsible nuevamente, entendieron que faltaba hacer daño por la banda derecha y no les tembló el pulso para confiar en el joven extremo.

El primer gol de Langoni

No era fácil ingresar a la estructura de un equipo que tenía voluntad de ir hacia adelante, consciente (tarde, empezó a serlo en los últimos 45 minutos) de lo que debía conseguir, pero sin claridad. Y presionado por un público propio que les había dejado un mensaje claro en el entretiempo: “¡Movete, Xeneize movete, movete y dejá de joder!”, se escuchó tras un nuevo primer período en el que los murmullos vencieron al entusiasmo por achicar la diferencia con el puntero.

No obstante, el delantero ingresó al campo casi desapercibido entre tanta desesperación y terminó siendo la figura descollante del triunfo eufórico. Porque Boca perdía desde temprano: a los 16 minutos, Augusto Lotti cabeceó un remate-centro de Ruiz Rodríguez y el Decano parecía hacerse fuerte también en la Bombonera para seguir bien arriba del campeonato. De hecho, mantiene el sueño pese a la derrota, pero le faltó ambición y Boca lo aprovechó para, al menos, animarse sabiendo que no iba a sufrir.

Luca Langoni celebra el 1-1 parcial de Boca 
Escena del partido que disputan Boca Juniors y Atlético Tucumán.
Luca Langoni celebra el 1-1 parcial de Boca Escena del partido que disputan Boca Juniors y Atlético Tucumán. - Créditos: @Mauro Alfieri

Faltando veinte minutos para el desenlace, Ibarra decidió sacar a Oscar Romero y poner a alguien vertical como Luca, pese al partido pesado, la obligación de ganar y los 152 minutos que ostentaba hasta el momento en la primera. El extremo hizo el resto, haciéndose cargo del show y levantando esa ilusión de volver a ser campeón local que en los últimos meses se arrastra a puro desgano y conflictos.

Quizás, de la forma menos esperada. Ambas. Porque sus características por una gambeta endiablada, quizás más directa con respecto a la que solía mostrar Zeballos hasta la lesión: Luca busca el desborde sin esperar demasiado tiempo para sacar ese espacio que le permita hacer la diferencia. De hecho, se lo observa aún físicamente lejos del prototipo de futbolista, pero hay muchas esperanzas internas depositadas en su capacidad para ser la llave por los costados (se mueve en ambos).

Entonces, a los 32 de la segunda etapa, Villa se cansó de querer gambetear a uno y a otro (casi siempre sin éxito) y, sin perder tiempo, lanzó un centro para encontrar la cabeza de Luis Vázquez o de Darío Benedetto (ingresó en el segundo tiempo), el doble “9″ que armó Ibarra sobre la marcha cuando el panorama del encuentro era oscuro. Sin embargo, Langoni apareció por el fondo con su 1,72 metro, le ganó con el cuerpo (vaya doble paradoja) a Matías Orihuela y colocó un frentazo a contrapié de Carlos Lampe que infló la red del costado derecho.

El segundo gol de Langoni

Ya era un desahogo: la diferencia de nueve unidades se mantenía, pero la oportunidad se escapaba. Es así como, pese al gol de la igualdad, nadie tenía en los planes que Langoni brindara la gran alegría de la noche: a los 41, un córner y los rebotes dejaron la pelota suelta cerca del punto penal para que impactara el balón con tres dedos de su diestra y la enviara directo al fondo del arco. Locura.

“Nunca pensé que iba a meter dos goles. Era mi sueño hacer uno y lo cumplí”, dijo Langoni, sin creer lo que logró. Porque resultó más grande: convertir por primera vez en Boca y hacer un doblete inolvidable para un triunfo demasiado necesario.