¿Y ahora? Este Boca empieza a tener un problema y debe solucionarlo para ser campeón y disputar la Libertadores

  • Disculpa el inconveniente.
    Algo salió mal.
    Inténtalo de nuevo más tarde.
  • Disculpa el inconveniente.
    Algo salió mal.
    Inténtalo de nuevo más tarde.
·4  min de lectura
En este artículo:
  • Disculpa el inconveniente.
    Algo salió mal.
    Inténtalo de nuevo más tarde.
  • Disculpa el inconveniente.
    Algo salió mal.
    Inténtalo de nuevo más tarde.
Juan Ramírez prepara un remate, ante Kevin Guitérrez; Defensa y Justicia bloqueó los caminos de Boca hacia el gol y ambos no salieron del 0 a 0 por el Torneo 2021.
Mauro Alfieri

Es cierto que el empate sin goles ante Defensa y Justicia en la Bombonera para Boca puede ser un retroceso: si bien mantiene el invicto del ciclo de Sebastián Battaglia, el triunfo era necesario para que se mantuviera –y se sintiera– cerca del lote de arriba, tras los triunfos de los punteros Lanús y Talleres (quedó a ocho unidades). No obstante, el equipo va encontrando rivales que le dan una pauta: el protagonismo que predica sigue mostrándose y da una buena sensación, pero de a poco a Boca le cuesta más por las estrategias que intentan anular el oficio ofensivo que patentó. Una buena, pero también mala noticia, como para que el equipo azul y oro siga creciendo.

Battaglia puede empezar a inquietarse sin perder la tranquilidad. Claro que el buen comienzo de su ciclo no implicará un alto nivel constante; también los rivales juegan. Y van conociendo, palpando y anticipando los peligros de un Boca que, con la muñeca de su nuevo entrenador, sigue incorporando el concepto de protagonismo. Tener la pelota, meter al conjunto de enfrente en su campo y, en algún momento del partido, agobiarlo. Si no posee el balón, no tarda demasiado en reaccionar y darse cuenta de que su idea se apaga si le sacan lo más importante.

Compacto de Boca 0 vs. Defensa y Justicia 0

El de este martes contra Defensa y Justicia fue el quinto encuentro de esta nueva era, de casi un mes. Entre ellos, ya hubo dos en los que Boca debió amoldarse al atrevimiento del rival, que planificó una estrategia para hacerle daños a un conjunto que lejos está de ser el de los últimos meses.

Así, el Halcón, dirigido por un Sebastián Beccacece que pregona la intensidad y el desparpajo colectivo, repitió las intenciones que tuvo diez días atrás Rosario Central: llevarse puesto al equipo de Battaglia. Así como en Arroyito el cuadro azul y oro escapó de los embates canallas de la primera media hora del partido que terminó ganando (2-1), esta vez en la Bombonera debió jugar durante buena parte de los 95 minutos sin su herramienta más poderosa, la pelota, padeciendo por momentos ataques por fuera, presión y varios avances que incomodaron.

El 0-0 no fue un buen resultado para Sebastián Battaglia; el arquero Agustín Rossi no tuvo mucha tarea.
Nicolás Aboaf


El 0-0 no fue un buen resultado para Sebastián Battaglia; el arquero Agustín Rossi no tuvo mucha tarea. (Nicolás Aboaf/)

Defensa hizo tambalear a una última línea que desde hacía rato no se mostraba dubitativa y errática en los despejes. Lo que más sufrió Boca, a los 34 minutos, fue un disparo de Francisco Pizzini desviado por Agustín Sandez que impactó en el palo izquierdo del arco de Agustín Rossi. Y el mano a mano de Miguel Merentiel, a los 15 del segundo tiempo, que despejó el arquero al córner. No obstante, el local se acostumbró rápidamente a la dinámica de Defensa y construyó sus jugadas de riesgo. Por ejemplo, dos cabezazos: el de Norberto Briasco se fue muy cerca de un ángulo, y un poste le dijo que no al de Luis Vázquez. Sobre el final, un remate de Cristian Medina despejado por Ezequiel Unsain.

Battaglia hizo de Boca un equipo que tiene ganas, dientes apretados cuando ve rodar la pelota en los pies de otros dueños, claridad futbolística y llegadas al arco. Eso conlleva rebeldía de los adversarios: ya saben que si adoptan una postura pasiva, pueden pasarla mal. Así, Boca también debe aprender a sufrir. Esta vez, con un sentido diferente al de antes: de padecer su propio andar deprimido por el campo pasó a tener que soportar atrevimientos ajenos por culpa del carácter amenazante que el propio Boca adoptó.

Aaron Molinas en plena disputa del balón; el chico se destaca más en el juego que en la lucha.
Mauro Alfieri


Aaron Molinas en plena disputa del balón; el chico se destaca más en el juego que en la lucha. (Mauro Alfieri/)

Paralelamente a esas buenas y malas noticias, al equipo está costándole jugar en condición de local. Los tres encuentros que afrontó con Battaglia al mando fueron difíciles de cerrar o bien de abrir: a Boca le costó el candado del cero. En el debut de este entrenador en la primera xeneize, frente a Patronato, en el que había merecido algún gol, debió esperar hasta el final para que el cabezazo de Vázquez le diera los primeros tres puntos al ciclo. Frente a Racing, en un encuentro chato, pero con algo más de mérito del local, no hubo goles.

Y eso se repitió frente a Defensa y Justicia, en un partido mucho más atractivo por la paridad y las ideas ofensivas. Un empate que, al menos, podría haberse dado con goles. Pero Boca debió conformarse un punto, consciente de que debe seguir mejorando y patentando la nueva idea.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.