La Lazio sólo tiene 11 abonados para un estadio de 70.000 espectadores

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Der Zuspruch für Lazio Rom nahm in den vergangenen Saisons beständig ab. Beim Start des Dauerkartenverkaufs wurde ein neuer Tiefpunkt erreicht.
Der Zuspruch für Lazio Rom nahm in den vergangenen Saisons beständig ab. Beim Start des Dauerkartenverkaufs wurde ein neuer Tiefpunkt erreicht.

Pese a vivir siempre a la sombra de la Roma, mucho más popular en la capital italiana (no tanto en la periferia), la Lazio se puede considerar uno de los equipos grandes de Italia. Dos títulos de Liga en su historia (que podrían convertirse en tres si prospera un curiosísimo recurso presentado para que le concedan un siglo después el título de 1915), abundantes Copas de Italia, algún título europeo, años dando batalla en la Serie A y una masa social importante (aunque un tanto vinculada a ideologías derechistas) son activos de los que puede presumir. O al menos podía hasta ahora, ya que este último punto está en duda por el resultado lamentable de la campaña de abonos para la temporada que va a empezar.

Los blanquicelestes abrieron sus despachos el pasado martes 19 de julio para que los socios renovaran sus carnets de temporada. Ese mismo día, a la hora del cierre de las oficinas, sólo 11 seguidores lo habían hecho. El dato no es oficial, porque por vergüenza el club no los ha hecho públicos; se conoce por la filtración de algún empleado y se confirma con el silencio de los dirigentes, preguntados al respecto, y con el nulo movimiento de hinchas que vio la prensa en las inmediaciones de las oficinas.

Considerando que la Lazio juega como local en el estadio Olímpico de Roma, con 72.698 localidades disponibles, no es aventurado indicar que se trata de un fracaso absoluto. Y el principal responsable parece ser el presidente de la entidad, Claudio Lotito, que acaba de celebrar sus 12 años en el cargo. Pese a que cuenta en su haber con algún que otro título (particularmente destaca la Coppa Italia de 2013, en la que vencieron en la final ni más ni menos que a la Roma), la hinchada está harta de él.

Al dirigente le acusan de no ser capaz de montar un equipo a la altura del club. Las principales figuras, como Candreva o Keita, tienen intención de abandonar la plantilla y los recambios que suenan no son en absoluto ilusionantes; de hecho, a estas alturas no se ha confirmado el fichaje de ningún jugador nuevo. En lo poco que llevamos de pretemporada, además, se ha vivido un episodio esperpéntico con la contratación frustada del entrenador argentino Marcelo Bielsa, quien sólo duró 48 horas en el puesto: casi tan pronto como firmó se marchó alegando que no se habían cumplido algunas promesas que le hicieron, entre ellas la llegada de al menos cuatro futbolistas antes del 5 de julio. Devolverle el puesto a Simone Inzaghi, un hombre de la casa que ya fue técnico interino en otras ocasiones y que sobre el césped anotó una treintena de goles para las Águilas, se pretendía vender como "recuperar la esencia", aunque más bien ha dado sensación de chapuza de emergencia.

Tan nefasta considera la hinchada que está siendo la gestión reciente de Lotito que no sólo ha boicoteado la renovación de abonos, sino que ha inundado la ciudad de pintadas contra él e incluso ha organizado manifestaciones para pedir que se marche y "libere la Lazio". El curso pasado, la Lazio terminó en el octavo puesto, con sólo 54 puntos, 37 por debajo del campeón (Juventus) y 28 menos que la odiada Roma, y muy lejos de cualquier opción de entrar en competiciones europeas. Si no hay un cambio radical en las próximas semanas, los augurios para esta temporada son mucho peores.

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