Publicaciones de blog de Alfredo Merlo

  • Teo: el talentoso y el odiado

    Esa elogiosa tranquilidad con la que define ante los arqueros es la que pierden sus rivales cuando él los provoca. A Teófilo Gutiérrez le sobran argumentos para justificar su chapa de talentoso: es goleador, tiene guapeza y la virtud de aparecer en los momentos más calientes. Lleva añadida a su juego la estirpe y los hábitos del 9 astuto que multa caro los descuidos de los defensores. Pero, con la misma elocuencia, su apellido también es sinónimo de odios y broncas; su conducta dentro del campo de juego, algún comentario de más y una dosis de visible arrogancia lo convierten al mismo tiempo en un tipo controvertido, cuyas acciones trascienden lo estrictamente futbolístico y se discuten desde otra perspectiva.

    Diego Milito lo padeció. El colombiano le arrojó la pelota de forma provocadora tras el gol de Gabriel Hauche en el clásico de Avellaneda versión verano. Gabi reaccionó minutos más tardes con un fuerte cruce sobre el delantero que le valió la expulsión.


     

    Con hinchadas rivales

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  • Qué hubiera pasado si...

    Era un gigante con alma de pibe; un provinciano con ansias de mundo; un proyecto de deportista que sin embargo aún no había descubierto cuál sería esa disciplina a la que volcaría su esfuerzo y su vida. Sebastián Abreu, un adolescente que frisaba los 17, 1,93 metros de altura, oriundo de la ciudad de Minas, practicaba básquet, vóley y fútbol. Se destacaba en los tres deportes, sus aptitudes físicas lo convertían en un privilegiado. Sólo le hacía falta una seña del destino para optar por algunas de esas tres bifurcaciones que contemplaba su camino de atleta. Y el guiño, como a todos los que triunfan, un día le llegó.

    El uruguayo fue convocado para una preselección de básquet; se estaba formando la Sub 17 uruguaya. Entrenó durante algunos días con el resto de los seleccionados, pero una noche, ¿destino o casualidad?, se escapó del campus junto a otro compañero apodado el Víbora. Los futuros basquetbolistas se fueron al baile más cercano, creyendo que nadie advertiría ese acto de Leer más »de Qué hubiera pasado si...
  • Las estrellas de hoy, los niños de ayer

    El acné sobre la cara reflejaba sus edades; el talento para jugar al fútbol, sus destinos. No había nada que obstruyera la elocuencia de semejantes pruebas: serían las estrellas del futuro. Lionel Messi, Wayne Rooney, Ronaldinho y Bojan Krkic, en tiempos, lugares y circunstancias diferentes tuvieron un sueño, el mismo sueño que desvela a millones de jóvenes a lo largo y ancho de todo el Universo. Y jugaron. En los campitos de a la vuelta de la esquina le dieron rienda suelta a ese sueño jugando a la pelota; gambeteando, arriesgando, perdiéndole el temor al ridículo; dentro de un campo de juego hicieron todo para continuar la gloriosa raza de los cracks.

    Rooney: potencia y talento para la definición

     

    Lionel Messi: gambeta endiablada, goles maradonianos

     

    Ronaldinho: la alegría de los que juegan bonito

     

    Bojan: otro crack de la inagotable Masía

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