Natación artística: belleza, condición física… y peligro de lesiones cerebrales

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Gillian Brassil dando una voltereta en una competencia en Mesa, Arizona, en 2012. (Brian Horii vía The New York Times)
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WALNUT CREEK, California — Cuando la competencia de natación artística por equipos comience el viernes en los Juegos Olímpicos de Tokio, el objetivo de las nadadoras será lograr que sus movimientos parezcan fáciles de realizar. Pero mientras los espectadores verán atletas sonrientes, trajes brillantes y cabellos peinados con gelatina, un riesgo acechará bajo la superficie: la posibilidad de conmociones cerebrales.

La natación artística, anteriormente conocida como nado sincronizado, combina elementos de gimnasia y ballet en el agua. Equipos de hasta 8 atletas nadan de forma rápida, cercana y precisa juntos, coordinándose entre sí y con la música. A menudo descrita como hermosa sobre el agua, la natación artística requiere una actividad constante y frenética bajo la superficie. No es nada inusual que los compañeros de equipo se pateen o caigan sobre sí durante sus rutinas.

El (peligroso) mundo subacuático

El mundo de la natación artística sabe desde hace mucho tiempo que tiene un problema con las lesiones cerebrales, pero nadie sabía cuán extenso era. Por esa razón, en 2019, siendo una investigadora estudiante en la Universidad de Stanford, hice un proyecto sobre cuán común son las conmociones cerebrales en el deporte del que alguna vez formé parte.

La respuesta me sorprendió: en una encuesta realizada a 430 atletas, aproximadamente 1 de cada 4 que ha competido en Estados Unidos reportó haber tenido al menos una conmoción cerebral.

“Sí, en realidad es mucho más de lo que esperaba”, dijo Karina Boyle, de 25 años, en una entrevista junto a la piscina en la que entrenó durante la mayor parte de su carrera. Boyle, quien nadó para selecciones nacionales, está retirada. “Pero sé que puede ser un deporte bastante violento cuando nadas tan cerca de otros y hay muchos movimientos”.

Esa estimación de un cuarto podría ser baja. El 15 por ciento de los encuestados afirmaron creer haber sufrido una conmoción cerebral debido a la natación artística, lo que sugiere que la cifra total real podría estar más cerca del 40 por ciento.

La encuesta, enviada a atletas activos y retirados que han competido en Estados Unidos en cualquier nivel, se realizó en la primavera de 2019 y tomó en cuenta la cantidad de años que cada uno de los nadadores participó en el deporte, sus edades, las edades en las que sufrieron sus conmociones cerebrales y el tipo de tratamiento que buscaron.

Gillian Brassil, primera a la izquierda, junto a sus compañeras de equipo en el campeonato mundial juvenil 2014 en Helsinki, Finlandia. (Mika Ruusunen vía The New York Times)
Gillian Brassil, primera a la izquierda, junto a sus compañeras de equipo en el campeonato mundial juvenil 2014 en Helsinki, Finlandia. (Mika Ruusunen vía The New York Times)

En los últimos años, el deporte ha comenzado a tratar su problema con las conmociones cerebrales. Estados Unidos no es una potencia en la disciplina —solo envió a un dúo de nadadoras artísticas a los Juegos Olímpicos—, pero USA Artistic Swimming, el organismo rector nacional de ese deporte, ha tomado medidas para promover la prevención de las conmociones cerebrales. En la actualidad, está asociado con Hammer Head Swim Caps, que fabrica gorros de natación de silicona con una fina capa en forma de panal de abeja que ofrece cierta protección contra un pie o un brazo mal ubicado o una implacable pared de piscina.

El equipo nacional de Estados Unidos confió en esos gorros cuando practicó un lanzamiento peligroso que planeaba desvelar en unas clasificatorias olímpicas en junio. Ningún otro país había intentado el lanzamiento a ese nivel.

El movimiento, en el que la persona que es lanzada al aire cae de regreso en las manos de las lanzadoras, conlleva el riesgo de que un mínimo error puede terminar en una lesión grave para las compañeras que están abajo. En las primeras etapas de la práctica, las nadadoras estadounidenses utilizaron los gorros con protección.

“Muchas veces no aterrizó en las manos, así que fuimos cautelosas y nos aseguramos de utilizar los gorros especiales antes de intentar el lanzamiento”, dijo Anita Alvarez, una atleta que estuvo en los Juegos Olímpicos de 2016 y que formó parte de ese equipo, en una entrevista telefónica en julio. Alvarez, de 24 años, y su compañera de dúo, Lindi Schroeder, de 19 años, representarán a Estados Unidos en los eventos de la categoría de dúo de los Juegos Olímpicos de Tokio.

Los efectos a largo plazo de las lesiones cerebrales se han estudiado en muchos deportes a través de los años, incluyendo el fútbol americano y los deportes de deslizamiento, y ha motivado a varias ligas y federaciones a adoptar protocolos para mitigar los efectos o la prevalencia. Pero existen pocos estudios sobre las conmociones cerebrales en la natación artística.

Las conmociones cerebrales tienden a no ser reportadas en los deportes juveniles por muchas razones, entre ellas el deseo de los atletas de seguir compitiendo, el miedo a decepcionar a sus compañeros de equipo o simplemente a no reconocer los síntomas, dijo Daniel Daneshvar, director del recientemente inaugurado Institute for Brain Research and Innovation, el cual estudia los efectos del traumatismo de cráneo. Investigaciones anteriores indican que más del 50 por ciento de las conmociones cerebrales no son reportadas.

Comencé en la natación artística cuando tenía 9 años. Me mudé de la costa este a California en busca de mejores oportunidades de entrenamiento y logré calificar a algunas selecciones nacionales antes de ser reclutada a la Universidad de Stanford.

Tuve mi primera conmoción cerebral en 2013, cuando tenía 16 años. Una de mis compañeras de equipo intentó hacer una voltereta hacia atrás desde mis hombros durante un levantamiento. En lugar de saltar hacia atrás, lo hizo de manera vertical hacia arriba y cayó sobre mi cabeza. Me tomó meses recuperarme.

Durante los últimos 20 años, la natación artística les ha exigido a los atletas moverse más rápido y nadar más cerca, ya que las actuaciones se juzgan con base en la dificultad de la rutina y el mérito técnico.

USA Artistic Swimming comenzó a abordar en serio las conmociones cerebrales hace dos años, al mismo tiempo que presionó para obtener mayor proximidad, poder y velocidad. Además de fomentar el uso de los gorros protectores, la organización se ha asociado con TeachAids, cuyo objetivo es ayudar a los entrenadores a detectar mejor los casos de conmoción cerebral.

Los golpes fuertes siempre son una preocupación, pero los pequeños golpes repetidos también pasan factura, dijo Daneshvar, cuyo instituto fue fundado por TeachAids. En ocasiones, dijo, pueden provocar encefalopatía traumática crónica (CTE, por su sigla en inglés), que ha sido detectada en jugadores profesionales retirados de fútbol americano. “En las personas que no sufren una conmoción cerebral, pero tienen estos golpes repetidos en cosas como el fútbol americano, por ejemplo, se pueden ver cambios estructurales y funcionales en las imágenes médicas en todas partes del cerebro, incluso durante el transcurso de una temporada”, dijo.

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