Belén Succi: la madre a distancia que lloró la clasificación de las Leonas a las semifinales y se sacó una espina

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Belén Succi, una histórica de las Leonas en el arco argentino
Belén Succi, una histórica de las Leonas en el arco argentino

TOKIO.- Antes era simpáticamente “Goofy”, la pintoresca arquera que ya descollaba en el Mundial junior de Chile 2005. Con el tiempo y los golpes que le dio la vida se convirtió en la señora Belén Succi: madre de Juan Bautista (8 años), profesora de gimnasia en campos de deportes municipales de San Isidro e inamovible en la valla de las Leonas a los 35 años. Se acostumbró a vivir momentos fuertes con el equipo durante 15 temporadas, pero quizás ningún otro como antes y después de la goleada por 3-0 sobre Alemania, que equivalió al pase a las semifinales de Tokio 2020. Desde sus pucheros durante el Himno Nacional hasta ese desplome en el área a puro llanto, cuando terminó el partido, vivió emociones al límite. Y mucho más cuando todas se le abalanzaron para un abrazo contenedor.

“Creo que sigo llorando, todavía. Cuando volví al vestuario fui a llamar a mi hijo por videollamada y me puse a llorar con él. Fueron años muy duros, porque el puesto de arquera es muy ingrato a veces, no dependés mucho de tu rendimiento y venía del séptimo puesto de Río 2016 y eliminada en cuartos de final del Mundial 2018. Fueron momentos con distintos equipos y diferentes entrenadores, pero remándola siempre”.

Succi es la imagen imponente de un buzo amarillo, unos pads enormes y el casco enrejado. Una guardavallas que se recuesta para un lado y para otro sobre el césped sintético azul y manotea lo imposible para contener esas bolas de fuego de los equipos rivales. Pero detrás de su armadura hay una mujer sensible, que padeció un 2020 tan fatídico como el de tanta gente: “El tema de la pandemia me pegó muy fuerte psicológicamente, con mi hijo en casa y separada, entrenándome sola a las 6 de la mañana. Quise bajar los brazos, pero hay algo especial en este seleccionado, una ambición tremenda de querer dar siempre el máximo por mis compañeras. Me propuse junto con el equipo dejarlo todo, a hablar con mi hijo y hacerle entender que hay que esforzarse en la vida, que sentada en un sillón no iba a poder revertir lo que nos pasó en Río y en aquel Mundial en Londres. Creo que ahí está por qué lloré tanto, fue por esa descarga psicológica”, confiesa.

La arquera surgida en el CASI tiene inserto el chip de Leona, sabe perfectamente su función en la cancha y habitualmente grita desde su vista panorámica para ordenar al equipo. Aunque cuando suena la chicharra, se desactiva por un rato y vuelve a su modo de madre a distancia. “Hace 40 días que no veo a mi hijo, pero creo que el esfuerzo es de los dos. No sé qué hubiese pasado si él no habría aguantado psicológicamente tantas concentraciones mías. Fueron muchas noches pidiéndole por favor que se durmiera temprano porque mamá no podía más, esos entrenamientos a las 6 de la mañana en un cuadrado de mi casa y sin hacer ruido para que no se despertara, llegar del trabajo, hacer la tarea con él y pedir comida porque no me daba el cuerpo para cocinar…. Eso es lo que me va a quedar como enseñanza de madre hacia él y a las chicas. El esfuerzo se demuestra en el día a día y ojalá que a las generaciones de abajo les quede ese mensaje”.

El quiebre de la barrera de cuartos fue muy importante para las de mayor rodaje: los últimos malos antecedentes en los torneos grandes habían pegado directo a la moral y hasta, quizás, habían sembrado alguna duda sobre las verdaderas capacidades individuales y colectivas. Cada uno lo manejó como pudo. “Nos vino bien que acá hubiera tantas chicas de las generaciones nuevas, porque las más grandes veníamos de no romper esos cuartos de final en Río 2016 y el Mundial y sentíamos ese dolor interno adentro. En cambio, a las más chicas, esos resultados no les pesaban porque no estuvieron ni debían cortar esa racha. Entonces, esa unión provocó que ellas nos levantaran y nos tiraran para adelante anímicamente”, explica.

La India sorprendió en el partido de los cuartos de final al vencer a Australia por 1 a 0, con un gol de córner corto de Gurjit Kaur. Es la primera vez en 41 años (Moscú ‘80), que el equipo femenino de ese país se entromete entre los cuatro primeros en Juegos Olímpicos. En enero pasado, las Leonas se midieron con las asiáticas en una serie de tres partidos en el Cenard: ganaron dos (3-2, 2-0) y empataron el restante 1-1. “Ojo con India”, avisa igualmente Succi, y lo describe: “Es una selección que juega más como nosotras, de ida y vuelta. La arquera queda más bajo riesgo, la dejan más sola, pero va a ser más peleado”, analiza. Ya se reenfoca, pero durante varias horas no salió de la conmoción por este primer logro alcanzado de quedar entre los mejores cuatro equipos: “Siento que no caigo, es difícil de explicar lo que se siente como madre. Llegar hasta acá es como una medalla, vivir esto es un sueño hecho realidad”.

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