La búsqueda de la perfección

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BARCELONA, España — Hasta el momento, estas son las estadísticas simples de la temporada del Barcelona Femenino. El equipo ha jugado nueve partidos en la liga y ha ganado esos nueve partidos. De hecho, los ha ganado con tanto margen que la palabra “ganó” no lo refleja con precisión. El primer juego del Barcelona terminó 5 a 0. Igual el segundo. En sus tercer y cuarto encuentros, anotó ocho.

Eso fue solo el comienzo. La semana siguiente, derrotó al Alavés 9 a 1. A finales del mes pasado, se enfrentó a la Real Sociedad, el único equipo que de manera vaga y teórica todavía estaba a su nivel en la cima de la Primera División RFEF. El partido terminó 8 a 1. En medio de todo eso, encontró tiempo para desarmar al Arsenal, el antes invicto líder de la FA Women's Super League.

Incluyendo sus dos compromisos en la Liga de Campeones, el Barcelona ha jugado once partidos esta temporada. Ha recibido tres goles (uno ante el Alavés, la Real Sociedad y el Arsenal) y ha anotado la apenas creíble cantidad de sesenta. Su entrenador, Jonatan Giráldez, ha sopesado toda esa evidencia antes de llegar a su conclusión: el Barcelona en realidad debió haber marcado más goles.

Podría ser natural asumir que, si no es broma, tal vez exagera para darle cierto efecto, pero Giráldez lo dice en serio. En su mente, es una simple ecuación: solo tienes que poner los números en el contexto adecuado. “Hemos generado más de 200 oportunidades, así que si ves eso de esa manera, no hemos anotado tantos”.

Por supuesto, este es el trabajo de un director técnico: exigir una mejora constante a las jugadoras, negarles el lujo de dormirse en sus laureles, eludir la mera idea de estar satisfechas. “Así son los entrenadores, siempre quieren más”, dijo Marta Torrejón, la experimentada defensa del Barcelona.

No obstante, el razonamiento de Giráldez es más pragmático. Fue ascendido a director técnico el verano pasado tras una partida inesperada de su predecesor, Lluís Cortés, semanas después de que el club ganó no solo la liga española y su copa nacional, sino también su primer título de Liga de Campeones, al hacer pedazos al Chelsea, 4 a 0, en la final.

Giráldez, de 29 años, fue designado ante un conjunto de otros aspirantes (al menos veinte entrenadores de todo el mundo se especula que enviaron sus currículos) en esencia como un candidato para darle continuidad al proyecto, alguien que conociera “nuestras ideas y nuestra identidad”, como dijo el director deportivo del club, Markel Zubizarreta.

Para Giráldez, el trabajo es un privilegio considerable y una presión constante. El Barcelona, ahora el principal equipo en el futbol femenil, tiene estándares que mantener y expectativas que cumplir. No les exige más a sus jugadoras por un instinto de rutina; lo hace porque sabe que lo que parece ser una pequeña grieta en esta etapa de la temporada podría probar ser después una falla geológica.

“Hemos concedido dos goles a pelota parada esta temporada”, dijo Giráldez. (El tercero, anotado por Sanni Franssi de la Real Sociedad, fue producto de un contraataque). “Uno de un saque de esquina, uno de un tiro libre. Cuando ganas un partido 8 a 1, no lo notan, pero tenemos que mejorar eso, porque cuando jugamos en las rondas finales de la Liga de Campeones, contra el Lyon, el Paris Saint-Germain o el Wolfsburg, esa acción podría mandarnos de regreso a casa.

“Si tenemos 25 oportunidades en un juego, la portera salva 13 y 12 no van al marco. En un partido más equilibrado, no tendríamos tantas oportunidades, así que tenemos que asegurarnos de que aprovechamos más de ellas. Tenemos que trabajar en por qué no anotamos más goles: marcamos 9 ante el Alavés, pero tuve la sensación de que pudimos haber anotado 15. ¿Por qué no lo hicimos?”.

Cuando Torrejón llegó, las sesiones de entrenamiento todavía se efectuaban en la tarde, porque las jugadoras asistían a la universidad o trabajaban durante el día. Como ya era una integrante de la selección nacional de España en ese entonces, aceptó unirse con la promesa de que el Barcelona se volviera profesional. Hubo conversaciones sobre una inversión significativa, atraer a un patrocinador, construir un equipo ganador.

Cuando esto ocurrió, en 2015, se sintió “como un lujo”, dijo Torrejón: llegar al complejo de entrenamiento del Barcelona por la mañana, desayunar juntas como un equipo, disfrutar del acceso a los servicios médicos del club, así como el personal de preparación física y sus instalaciones de primera categoría. Sin embargo, aun así, “pensar en ganar la Liga de Campeones era imposible”, mencionó.

El progreso se estaba deteniendo. “Es muy difícil trepar la escalera del éxito de manera orgánica”, comentó Torrejón. Hubo una aparición en la semifinal de la Liga de Campeones en 2017, pero durante tres años consecutivos el equipo acabó segundo en la liga después del Atlético de Madrid. En eso, tal vez, radica la única diferencia conceptual entre las divisiones masculinas y femeninas del club. “Que el equipo varonil no ganara trofeos para invertir en el futuro no serían, quizás, las noticias mejor recibidas”, expresó Zubizarreta.

La recompensa parecía venir en 2019. El Barcelona terminó en el segundo lugar de la liga, de nuevo, pero calificó a su primera final de Liga de Campeones. Se enfrentó al Lyon, el equivalente en este deporte a los Harlem Globetrotters del baloncesto, en Budapest, y fue arrasado en el primer tiempo.

“Fue un espejo, podíamos ver qué tan lejos teníamos que ir”, dijo Zubizarreta.

Tan pronto como regresó de Hungría, buscó a los expertos del club en preparación física. No había escasez de talento, pero sabía que las jugadoras del Barcelona tenían que estar en mejores condiciones físicas, ser más rápidas y más fuertes para competir con los clubes de élite de Europa.

Lo que ocurrió después, según Giráldez, un entrenador asistente en ese entonces, fue un cambio “brutal” en la forma en la que el Barcelona entrenaba. “Podíamos mejorar con rapidez al inicio”, dijo. Sin embargo, entre más arriba en la curva se ubicaran las jugadoras, mayor sería la intensidad con la que tendrían que trabajar para los resultados más pequeños.

Ese enfoque se volvió parte del club a tal grado que ha perdurado incluso durante lo que pudo haber parecido ser su apogeo: el triplete adquirido con Cortés la temporada pasada, coronado por una destrucción del Chelsea en la final de la Liga de Campeones que se hizo eco de la experiencia del propio Barcelona contra el Lyon dos años antes.

Y así, incluso ahora, Giráldez puede ver a su equipo, campeón de todo, anotar cinco y seis y ocho y nueve contra sus oponentes, con una diferencia de goles (tan solo en la liga) de más 52 y exigirle más. Además, no solo sus jugadoras pueden entender sus suaves llamadas de atención y sus detalladas sesiones de ver grabaciones de las rivales, sino que también pueden apreciarlas.

“El secreto es que estamos compitiendo con nosotras mismas”, dijo Torrejón. “Compites con tu rival por puntos o por la calificación, pero contigo para ser mejor cada día, por tu lugar en el equipo. Esa es la mayor lucha: contigo misma. El entrenador puede siempre querer más, pero nosotros lo hacemos como un equipo. Nunca estamos satisfechas”.

“¿Por qué estar satisfecha con anotar cuatro cuando pudiste haber marcado ocho?”.

© 2021 The New York Times Company

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