'Avatar 2' tendría problemas por delante para verse en cines como James Cameron pretende

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James Cameron revolucionó el cine en 2009 con Avatar, la película con la que nos hizo acudir en masa a los cines y descubrir el renacimiento de la tecnología 3D. Este logro técnico fue clave para que este título de ciencia-ficción del director de Titanic se erigiera como la película más taquillera de todos los tiempos, puesto que fueron pocos los que dudaron de pagar el precio extra del 3D y sentirse inmersos en el viaje a Pandora con los Na’Vi.

Pero 13 años después, con el estreno de su secuela, volver a convencer al público para disfrutar de la experiencia tridimensional no es tan sencillo, básicamente porque el 3D dejó de cautivar al público hace tiempo y la idea de volver a ponernos unas gafas en una sala de cine ya no se siente tan atractiva. Sin embargo, Cameron ha vuelto a hacer una apuesta fuerte por otra tecnología puntera para que volvamos a caer en la tentación. Aunque no parece que vaya a tenerlo sencillo para que pueda exhibirse con ella en mercados como España.

Ronal en 'Avatar: El sentido del agua
Ronal en 'Avatar: El sentido del agua" de 20th Century Studios. Photo courtesy of 20th Century Studios. © 2022 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Se trata del HFR 3D (High Frame Rate), tecnología que Peter Jackson ya utilizó para la trilogía de El Hobbit y que volverá a las salas con el estreno de Avatar: El sentido del agua. Esta consiste en la exhibición en alto rango dinámico con velocidades que oscilan entre los 48 y los 60 fotogramas por segundo, consiguiendo así movimientos más realistas que mezclados con el efecto 3D nos acerca más que nunca a una experiencia cinematográfica inmersiva. No obstante, no todos los cines disponen de equipos preparados para utilizar el HFR, lo que indudablemente va a dificultar que todo el público pueda ver la secuela de Avatar como su director se ha propuesto.

Si recordamos, en su día fueron muy pocos las salas que pudieron exhibir El Hobbit con esta tecnología en España. Mayormente se vio así en grandes complejos de grandes cadenas y en una única sala, que por norma general era la más grande y con mejor equipo. Mirando las listas oficiales que publicó Warner con el estreno de Un viaje Inesperado en 2012, fueron poco más de 60 las que tuvieron el formato disponible. Y no parece que desde entonces el sector de la exhibición haya evolucionado mucho en nuestro país.

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Ya lo vimos cuando otras películas rodadas en HFR como Billy Linn o Géminis de Ang Lee tuvieron un estreno limitado. La primera de ellas salió con un número muy reducido de copias y la segunda apenas duró unas semanas exhibida con esta tecnología, lo que desde luego no iba a motivar a los exhibidores a renovar equipos para poder adaptar sus cines al formato.

De hecho, siendo espectador frecuente de salas de cine de todo tipo, es bastante notorio que en estos años parece que no ha habido intención (o presupuesto) por parte de exhibidores de sustituir material y máquinas antiguas por desgaste, lo que hace habitual ir al cine y ver proyectores con lámparas de baja potencia para reducir gastos, pantallas manchadas o rotas o el sonido escacharrado. Además, la figura del proyeccionista cada vez está más desaparecida, propiciando que gerentes sin los conocimientos técnicos necesarios se encarguen de operar dando resultados nefastos: imagen mal encuadrada, proyección borrosa, problemas técnicos...

Esto, más allá de contar o no con el equipo necesario para proyectar películas como Avatar 2, también contribuye a que el espectador tenga aún menos opciones de disfrutar del HFR, o incluso cualquier otro título, en todo su esplendor. Es algo que pude comprobar con El Hobbit, de la que tras ver su segunda parte en un cine con condiciones óptimas volví a verla en otra sala con capacidades técnicas muy menores. Lo que en un primer visionado me transmitió fluidez y realismo, en el segundo tuve una sensación muy contraria al ver una imagen apagada por un proyector mal calibrado o con una lámpara inadecuada para una proyección de estas características.

Además, en estos últimos años, la mayoría de los cines han decidido priorizar conceptos de salas Luxury y Premium con butacas amplias reclinables e incluso servicio de restaurante que la inversión en nuevas tecnologías. No hay más que ver que ver que formatos como el IMAX, que tanto arrasan en mercados como Estados Unidos, apenas están presentes en cuatro cines de España. Y hablando de estos complejos Luxury y Premium que cada vez están más presentes en las grandes cadenas de nuestros país, en muchos de los casos que he tenido ocasión de ver con mis ojos son cines que abrieron descuidando detalles primordiales como la insonorización, un buen tamaño de sala o pantalla o el usar equipos de proyección de altura. La última vez que estuve uno de ellos en el centro de Madrid, en un reestreno de Scarface: El precio del poder, estuve toda la película escuchando la música y diálogos de Tenet de Christopher Nolan mientras se exhibía en la sala del al lado. Y no es que Scarface sea una película silenciosa.

Y esto me parece un error, porque, por muy atractivo que sea el concepto de sala de lujo de cara a la venta de entradas a los espectadores, al final se está dejando a la película y a la experiencia del cine en la gran pantalla en un segundo plano. Y como consecuencia, con estrenos que apuestan tan fuerte por la tecnología como Avatar: El sentido del agua, es el propio público el que sale perdiendo ante la dificultad de poder ver el producto en las condiciones óptimas que su director o estudio han planeado.

Todo este tema se trató en un reciente webinar realizado por la empresa CinemaNext, recogido por medios como Cine y Tele. En esta charla se abordó la complejidad técnica de exhibir en HFR 3D, para lo que, como vengo contando en el artículo, se necesitan tener equipos de última generación actualizados. Pero también se habló de esta calidad poco óptima de proyección que se da en España tanto para la proyección en HFR como en 3D normal. Según se indicó, el 80% de las telas de las pantallas tienen al menos 20 años y no reflejan bien la imagen, la potencia de la luz de los proyectores está muy por debajo de la calidad óptima y los resultados se traducen en imágenes oscuras que tiran por la borda la experiencia del formato.

Y es que, a no ser que en los próximos meses los exhibidores se pongan las pilas como bien pasó con la renovación de equipos para el 3D de la primera Avatar, los espectadores españoles vamos a tener pocas opciones de ver la nueva aventura de James Cameron en condiciones óptimas las próximas navidades.

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