Atletas en alerta máxima: A pocos días de los Juegos Olímpicos se encierran para no contagiarse de Covid-19

·6  min de lectura
La campeona olímpica estadounidense de surf en nieve Chloe Kim, en el Dew Tour en Copper Mountain, Colorado, el 19 de diciembre de 2021. (James Stukenberg/The New York Times)
La campeona olímpica estadounidense de surf en nieve Chloe Kim, en el Dew Tour en Copper Mountain, Colorado, el 19 de diciembre de 2021. (James Stukenberg/The New York Times)

Han llegado demasiado lejos, durante demasiado tiempo, como para echarlo todo por la borda ahora que están a punto de iniciar los juegos

Por eso, los ocho miembros del equipo masculino canadiense de curlin han pasado las tres semanas previas a los Juegos Olímpicos de Invierno encerrados en una casa alquilada en Vancouver, Columbia Británica. Solo entrenan cuando la pista cercana está vacía y, el resto del tiempo, juegan billar, se sientan en un jacuzzi y piensan en sus familias que se quedaron en casa.

“Es como una fraternidad sin alcohol”, comentó Marc Kennedy, medallista de oro en 2010 y suplente en el equipo de este año, quien tuvo que lidiar con la decepción de perderse uno de los recitales de danza de sus hijas. “Todos tienen unos cónyuges maravillosos”, agregó.

Mientras miles de deportistas olímpicos de todo el mundo se apresuran a pasar las últimas semanas de preparación para los juegos de 2022 en Pekín, estos han incorporado un nuevo ejercicio en sus regímenes diarios: hacer todo lo posible para esquivar la COVID-19.

Con la vista puesta en la ceremonia de inauguración del 4 de febrero, los atletas limitaron el contacto con sus seres queridos, cambiaron su manera de entrenar y, en muchos casos, dejaron de realizar todo tipo de actividades ajenas al ámbito de la competencia. La tarea parece cada vez más hercúlea en medio de un aumento mundial de los casos de coronavirus, ocasionado por la variante ómicron que es altamente contagiosa.

El costo emocional de todo esto, de vivir con miedo a contagiarse y de alterar por completo su vida para evitarlo, ha sido tan agotador como sus entrenamientos más duros. Pero la alternativa —contraer coronavirus, verse obligado a no participar en los Juegos Olímpicos y, en la práctica, borrar años de preparación y anticipación para este momento tan especial de su carrera— es demasiado devastadora para considerarla siquiera.

“En este momento, todo el mundo está dando positivo y eso me asusta”, afirmó Emily Sweeney, de 28 años, una atleta de Portland, Maine. “No dejo de pensar en todas las situaciones difíciles por las que he pasado para llegar a este punto y el mero hecho de existir en este mundo me parece un riesgo enorme ahora”, agregó.

Desde el comienzo de la pandemia, el objetivo de los atletas ha sido evitar la COVID-19; quienes dependen de su bienestar físico para subsistir no pueden permitirse una enfermedad.

Pero a estas alturas, a los atletas olímpicos (en su mayoría, jóvenes, en forma y vacunados) les preocupa menos la enfermedad o cualquier síntoma y más el régimen de pruebas. Los atletas que viajen a los Juegos Olímpicos deben dar dos resultados negativos en los días previos a su vuelo a Pekín, y una vez allá, serán examinados todos los días.

Los resultados positivos podrían impedir a los atletas abordar sus vuelos con destino a la sede olímpica u obligarlos a permanecer en un periodo indefinido de aislamiento al llegar, lo cual sería un desperdicio de todo su arduo trabajo, sufrimiento y sacrificio. Por lo tanto, no es de extrañar que algunos atletas se sientan impotentes, con la sensación de que en cualquier momento sus sueños pueden verse truncados incluso antes de empezar.

Estamos jugando a la ruleta rusa todos los días”, comentó Brittany Bowe, patinadora de velocidad estadounidense. “Puedes tomar todas las precauciones, lavarte las manos, usar cubrebocas y aun así contagiarte de COVID-19. Me parece que ahora es solo cuestión de suerte”.

Ansiosos por la incertidumbre, los atletas han decidido tomar las riendas de su destino. Redujeron sus vidas a sesiones de entrenamiento con distancia social e incontables hisopos en lo más profundo de su nariz.

La surfista sobre nieve Maddie Mastro calculó que, desde noviembre, a excepción de su novio, no ve a su familia o amigos. Al igual que otros atletas entrevistados para este artículo, Mastro comentó que desde hace tiempo dejó de salir a cenar y usa mascarilla siempre que sale de casa.

A Nathan Chen, el mejor patinador artístico masculino de Estados Unidos, se le ha visto usando cubrebocas durante las sesiones de entrenamiento a toda velocidad en el hielo previo a los Juegos Olímpicos.

La patinadora artística australiana Kailani Craine, quien se angustia por quitarse el cubrebocas aunque sea por un momento, no ha querido comer en los vuelos largos de esta temporada, para evitar ser más vulnerable a las infecciones, según su entrenadora, Tiffany Chin.

En Europa, miembros del equipo de biatlón estadounidense viven en “burbujas de compañeros de cuarto” mientras asisten a campamentos de entrenamiento y eventos: sus compañeros de cuarto son las únicas personas con las que pueden comer o estar sin el cubrebocas.

“Es evidente que influye en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, porque sería una gran decepción perder cuatro años —toda una vida, de hecho— de trabajo arduo por un momento de descuido”, comentó Susan Dunklee, una biatleta que irá a sus terceras olimpiadas, quien anhela poder hacer cosas tan sencillas como ir a tomar un café en su día libre. “A veces es desesperante estar en el cuarto de hotel”.

La ansiedad generada por la COVID-19 también cambió cómo entrenan los equipos.

Por ejemplo, los cuatro hombres que compiten en la prueba de persecución por equipos del equipo de patinaje de velocidad de Estados Unidos, poseedores del récord mundial en este momento, están limitando el tiempo que practican juntos (la prueba requiere que los patinadores entren en contacto físico) para reducir el riesgo de contraer el virus.

Los riesgos de que los atletas se reúnan en un mismo lugar fueron evidentes este mes en los campeonatos de patinaje artístico de Estados Unidos, donde ocho personas (tres patinadores individuales, un equipo de parejas, un equipo de danza sobre hielo y un entrenador) se retiraron del evento tras dar positivo por COVID-19.

En otros deportes, los atletas no están yendo a competencias que por lo general servirían como ensayos generales para las Olimpiadas. Un número bastante inusual de atletas de alto nivel —que incluye a las surfistas de nieve estadounidenses Shaun White y Chloe Kim y a la esquiadora china Eileen Gu— decidieron no asistir a los X Games esta semana en Aspen, Colorado.

“Ese fue un cálculo que muchas personas tuvieron que hacer”, dijo Gus Kenworthy, un esquiador acrobático británico y medallista olímpico en dos ocasiones que asistirá a los X Games. Estuvo varios días fuera de combate tras contraer el coronavirus en octubre.

El efecto de todo esto —aislarse antes de aislarse todavía más en Pekín— ha supuesto una enorme carga mental para los atletas.

Este momento demanda a los atletas hacer acopio de la disciplina y determinación que les queda para afrontar estos últimos y peligrosos días antes de los Juegos Olímpicos. Estamos en la vuelta final de la carrera a los juegos y nadie quiere tropezar ahora.

Ahora no es momento de relajarse, sino de apretar la marcha”, dijo Mastro.

© 2022 The New York Times Company

VIDEO: El gol de la semana

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.