Argentina - Estonia: Messi rompió una barrera que no estaba en los cálculos de nadie

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Messi y su clásico festejo, señalando el cielo; el astro argentino rompe con todas las previsiones
Alvaro Barrientos

Juan Agustín García. ¿No dice nada el nombre, verdad? Fue la primera víctima de Lionel Messi, el arquero paraguayo en aquella fría y ya célebre noche del 29 de junio de 2004. El amistoso relámpago para blindarlo. Y el nombre del estonio Matvei Igonen tampoco quedará en el recuerdo de nadie. Entre uno y otro, Messi quebró la barrera de los 100 goles con los colores de la selección argentina. Sus números de fábula. Atropella, tritura estadísticas y fascina. ¿De qué juega Messi? De lo que se le ocurre, imposible encasillarlo. Algo más sencillo sería asegurar de qué no juega: no es defensor ni arquero. Y tampoco es centroatacante. Sin embargo, y sin responder a los trazos de un número 9 convencional, es un goleador excepcional. Y reescribe la historia cuando cualquiera creería que ya no quedan hojas en blanco.

Pero… ¡¿100 goles?! Corrección, 102 en realidad. Le faltaban tres para el grito centenario… y marcó cinco en Pamplona, una tierra que ya había surcado en sus visitas a El Sadar con Barcelona. Impactante, cruzó la barrera de los cien tantos entre los 86 con la selección mayor, otros 14 entre amistosos, el torneo Sudamericano y el Mundial Sub 20 de 2005 y dos más en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. En siete ocasiones había castigado con tres tantos a un rival de la selección –Bolivia, Brasil, Suiza, Guatemala, Panamá, Ecuador y Haití-, pero como nunca había señalado cuatro…, directamente fueron cinco. De un duelo con destino de anécdota, Messi hizo un tsunami. Un amistoso insignificante se convirtió en inolvidable.

Salto y puño apretado de Lionel Messi, en la inolvidable jornada de Pamplona
ANDER GILLENEA


Salto y puño apretado de Lionel Messi, en la inolvidable jornada de Pamplona (ANDER GILLENEA/)

Probablemente el secreto del reinado de Messi sea su vigencia. Alguna vez, su rendimiento comenzará a caer. Pero a un par de semanas de cumplir 35 años, aún nada lo preanuncia. Pero no por la exhibición ante la impresentable Estonia, sino por la determinación que expuso contra Italia y la ambición que desplegó frente a un contrincante que invitaba a la relajación, a la dispersión. Messi parece obsesionado, enfocado con mirada asesina en el Mundial de Qatar. No se toma licencias si se trata de la selección.

¿De qué juega Messi? Cerebro y verdugo. Trapecista, titiritero y killer. “Messi es mejor ahora que antes”, analizó hace muy poco Scaloni y pareció afiebrado. ¿Y si vuelve a tener razón el entrenador del destrato? “Él nos acostumbró a lo extraordinario. El día que juega mal, Messi está entre los tres mejores del partido”, supo resumir Jorge Valdano. Lo acaba de superar al húngaro Ferenc Puskás en la tabla histórica de goleadores de selecciones para quedar en el cuarto lugar. Pero decirle goleador sería una reducción imperdonable. Justo cuando saltó la vara de los 100 goles para la Argentina, un registro que no habitaba en la fantasía de nadie.

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