Alireza muestra los dientes

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Alireza Firouzja, el genio que pone en aprietos a Magnus Carlsen
FIDE

El gran torneo de la Federación Internacional de Ajedrez finalizó con el triunfo incontestable del iraní Alireza Firouzja, de 18 años. Recordemos que este jugador surgió con fuerza hace un par de años en el ambiente del ajedrez como gran promesa y potencial campeón mundial. Luego tuvo un bajón propio de la juventud ascendente, cuando enfrentó a los mejores que le pusieron las cosas difíciles. Ahora vuelve a renovar su crédito al ganar este fortísimo torneo.

Una anécdota que demarca su carácter es ésta: a falta de tres rondas para el final, Firouzja lideraba el certamen con un punto de ventaja, jugaba con negras ante Fabiano Caruana, y unas tablas parecían suficientes para encaminar el objetivo final; y más cuando en una tensa posición se dio una repetición de jugadas que preludiaba un empate. Sin embargo, el iraní eludió las tablas y jugó a ganar, lo que resultó una temeridad, y terminó perdiendo.

Otro se habría desmoralizado, pero no fue así con Alireza que tuvo ánimo para ganar la siguiente partida, cosa que lo llevó a ganar el torneo en soledad. Me hizo acordar a Bobby Fischer, que nunca aceptaba hacer tablas.

Alan Pichot, el ajedrecista de nuestro país con más proyección
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El torneo tuvo un ribete controversial dado que se disputó en Riga, capital de Letonia y ciudad natal del genio del ajedrez Miguel Tal, durante un rebrote epidémico de coronavirus. Muchos de los mejores jugadores invitados, en decisión responsable, optaron por no jugar, incluyendo a nuestro primer jugador Sandro Mareco.

Lo mismo ocurrió en el torneo femenino paralelo. Ambos torneos se vieron así debilitados. Sí compitieron Alan Pichot y Carolina Luján, uno en cada torneo, con desempeño irregular de ambos. Sacudirse el ostracismo pandémico no fue fácil en semejante prueba, donde cada partida es más difícil que la anterior.

Pichot tuvo su punto alto al vencer al azerí Mamedov, número 60° del mundo. En general se mostró diestro en las posiciones complejas, siendo su déficit el juego quieto. Es indispensable para él jugar estos torneos con el objetivo de escalar lugares hacia la elite.

Para Carolina, que también tuvo altibajos, era importante demostrar que podía competir con las mejores, cosa que logró sobradamente. Le faltó un poco de suerte, porque desaprovechó algunas posiciones ventajosas que hubieran mejorado su ubicación final.

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