Alexis Vega, el mexicano que no es un dios del fútbol... porque no se le da la gana

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Alexis Vega tiene un talento vocacional: sabe jugar al futbol. Su ingenio es anormal en el profesionalismo contemporáneo. En un futbol marcado por los automatismos y la rigidez táctica, Alexis siente devoción por la gambeta. Lo ha demostrado durante toda su carrera. Para él, los campos de juego son una extensión del asfalto en el que aprendió los secretos del oficio.

Su gol frente a Jamaica en las Eliminatorias Mundialistas reafirma el gran momento que vive. Ya es un estandarte en Chivas y gradualmente se ha ganado un lugar en las nóminas de Gerardo Martino. Normal, porque ignorar a un jugador como él sería un sacrilegio futbolístico. Vega no solo es capaz de aparecer en el momento adecuado. Su calidad lo incita a cargar con el equipo a cuestas. Pareciera que las virtudes que posee exceden cualquier intento de robotización.

Suele afirmarse con mucha contundencia que los jugadores ‘de barrio’ no llegan al futbol profesional. Cierto que el palanquismo forma para intrínseca de la idiosincrasia mexicana en cualquier ámbito, pero muchas veces el prejuicio rebasa a la realidad. Alexis Vega es muestra de ello. No nació en cuna de oro. Se forjó en la periferia. Quizá por eso su futbol resulta tan atípico y emocionante.

El delantero de las Chivas aprendió a jugar futbol en la calle. Ahí convirtió la exquisitez en su santo y seña. Oriundo de la delegación Gustavo A. Madero, en la Ciudad de México, Alexis lleva impregnada la esencia barrial en su futbol. Es el juego que siente y que abandera aun en el profesionalismo. Basta verlo recibir el balón para entenderlo. Esa cadencia tan marcada al conducir el esférico revela la mezcolanza entre calle y academia.

El tiempo pasa demasiado rápido. Vega debutó en 2016, con 18 años: lleva casi seis años en el profesionalismo. En este 2022 cumplirá 25 años, pero todavía arrastra con la etiqueta de promesa. En el futbol la relatividad toma más sentido: cada año se esfuma a una velocidad alucinante. Vega, en términos prácticos, ha dejado de ser un juvenil. Sin embargo, se le sigue esperando. ¿El motivo? De los buenos siempre hay mayores expectativas.

Cada gol y cada jugada certifican la sospecha de que Alexis demuestra su talento selectivamente. Su concepción del juego es maniquea: cada jugada tiene que ser importante; de lo contrario, no vale la pena intervenir. Como músico de culto, Vega entiende que no importa tanto la cantidad como la calidad.

Alexis Vega celebra un tanto de tiro libre anotado contra el Querétaro en la Liga MX. (Alfredo Moya/Jam Media/Getty Images)
Alexis Vega celebra un tanto de tiro libre anotado contra el Querétaro en la Liga MX. (Alfredo Moya/Jam Media/Getty Images)

“Juegan cuando quiere”, podría argumentar el aficionado mexicano. Es debatible. Cuando tiene el balón en los pies, Alexis transmite la llama que sólo pueden contagiar quienes sienten ardor por el juego. Por eso su futbol exalta a sus compañeros y, desde luego, a los espectadores. Además, cuenta con una virtud diferencial: su presencia siempre hace mejores a los demás.

La colección de virtudes que atesora Vega todavía no ha sido puesta a prueba en escenarios de máxima exigencia. Los Juegos Olímpicos no dejan de ser un torneo con límite de edad al que no asisten los mejores jugadores del orbe. En Chivas nadie duda que Vega es patrón. Pero, hoy en día, en el equipo de Amaury Vergara basta un puñado de buenos partidos para adquirir la condición de redentor.

El futuro es incierto para Alexis. En los próximos meses tendrá que elegir entre quedarse en el Rebaño (o en cualquier otro equipo del futbol mexicano) o calarse en el futbol de la élite. Elegir la primera opción le condenaría a reprimir sus capacidades. Mostrar sus dotes a cuentagotas le bastaría para asegurar un sitio privilegiado en México por los próximos diez años. Tan es así, que sus atributos en cancha han hecho olvidar los memes sobre sus fiestas clandestinas con Uriel Antuna. Ir a Europa, en cambio, significaría un reto a la altura de su potencial.

Al final de cada partido importante, Alexis suele entrar a Twitter para buscar su nombre. Lo mismo hace en Instagram. Basta con ver sus likes en todas las publicaciones que hablan de él. ¿Para quién y para qué compite Alexis Vega? ¿Para regodearse en redes sociales? ¿Para emocionar al aficionado? Da lo mismo. Porque cuando toma el balón la obviedad supera cualquier hipótesis: Ernesto Alexis Vega Rojas nació para jugar al futbol.

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