Las lágrimas de Alexander Zverev: cómo la olla de presión ha acabado explotando

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MUNICH, GERMANY - APRIL 27: Alexander Zverev of Germany leaves the Center Court after his 2nd round match against Holger Rune of Denmark on day five of the BMW Open by American Express at MTTC IPHITOS on April 27, 2022 in Munich, Germany. (Photo by Alexander Hassenstein/Getty Images)
Alexander Zverev explotó tras su derrota en Múncih. Foto: Alexander Hassenstein/Getty Images

El alemán Alexander Zverev, número tres del mundo, cayó en primera ronda del torneo de Munich contra Holger Rune y se derrumbó en rueda de prensa. "He tocado fondo", afirmó el tenista mientras no controlaba las lágrimas, "es el peor momento de mi carrera". Hay que empezar diciendo que, más allá de Zverev, es chocante lo que está pasando en el mundo del tenis desde el inicio de la pandemia: mil veces hemos hablado de la inestabilidad del circuito WTA, de la sensación de que todas quieren irse de ahí cuanto antes y acabar con todo, como hizo Ash Barty recientemente. Ahora, tendremos que hablar del circuito masculino y sus propios problemas.

Supongo que todos hemos acabado estos dos años de restricciones, enfermedad y miedo un poco tocados de la cabeza. Los que están bajo el foco constante de los medios, obviamente, lo tienen más difícil para buscar tranquilidad. Si a todos nos dan ganas de llorar en algún momento por todo lo que hemos pasado, más aún quien vive con la presión del escrutinio público. Con todo, hay algo que no es normal en que el número tres del mundo se rompa en dos por perder un partido en un ATP 250 ante un rival que promete mucho de cara al futuro.

Hay que buscar más allá. Ir de lo general a lo concreto. Todos estamos tocados, los personajes públicos, un poquito más... y Zverev es ahora mismo una olla a presión que todos celebraremos si su explosión se limita a lo del pasado miércoles. Hay que tener en cuenta muchísimos factores, pero empecemos por los deportivos: Zverev es la decepción hecha jugador. Todos contábamos con él como dominador del circuito, como el hombre que iba a acabar de un plumazo con la dictadura de Nadal y Djokovic. Las expectativas a su alrededor, desde que era un junior de 16-17 años que empezaba en algunos challengers han sido siempre tremendas.

Y, sin embargo, los resultados no han estado a la altura. No a la de un dominador, vaya, porque hablamos de un múltiple campeón de Masters 1000 y dos veces ganador de las ATP Finals. Campeón olímpico en 2021 y finalista del US Open de 2020. Aun así, esperábamos más. Zverev se ha quedado corto demasiadas veces. Al principio, se le reprochaba que perdiera demasiado pronto en los grand slams. Luego, se le echó en cara su tendencia a complicarse partidos sencillos y que tuviera que desgastarse en maratones a cinco sets. Ahora, se critica que a sus 25 años recién cumplidos, solo haya disputado la final de un grande.

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A principios de año, Zverev soñó en voz alta con la posibilidad de llegar al número uno del mundo. No era ningún disparate teniendo en cuenta que Djokovic se iba a perder casi todo el inicio de temporada... y que Nadal se había perdido el final de la temporada pasada. Sin embargo, desde entonces, todo ha ido mal: perdió en octavos de Australia cuando era uno de los favoritos, en segunda ronda de Miami y se lio a raquetazos contra el juez de silla después de perder un intrascendente partido de dobles en Acapulco. Ahí ya estaba claro que el chico no estaba bien de la cabeza.

Puede, de hecho, que la flojísima sanción de la ATP tuviera que ver con ese estado anímico que ahora vemos a las claras. Puede que alguien pensara que una sanción a la altura de la ofensa -los árbitros, en cualquier deporte, deberían ser intocables- acabaría con la escasa resistencia mental de la eterna joven promesa. Si fue así, se equivocaron. Zverev no jugó mal en Indian Wells ni en Montecarlo, pero no pasó de semifinales en ninguno de los dos torneos. En Munich, le tocó el hambriento Rune, al que pronto veremos disputando cosas grandes, y no tuvo respuestas para su agresividad.

Zverev pareció un hombre al borde de la retirada: abatido, desganado, agotado por completo. Puede que sean las expectativas, puede que sea la pandemia, puede que sea el escrutinio de la prensa antes sus continuas salidas de tono o puede, incluso, que tenga que ver con el hecho de que su familia sea rusa y estén viviendo la guerra de manera directa. Puede que sea su reciente paternidad con una de sus muchas novias o puede que sea la investigación por malos tratos tras la acusación de otra de sus amantes. Zverev ha vivido muy deprisa y demasiado en el alambre. Tarde o temprano, se tenía que notar.

Por su lado, han pasado numerosos entrenadores que han intentado reconducir su carrera, pero no ha sido posible. Probó incluso con Juan Carlos Ferrero, que ahora está recogiendo los frutos de su paciencia con Carlos Alcaraz. Zverev es un hombre impaciente y desbordado ahora mismo. ¿Cuánto va a durar? Imposible saberlo. Tiene tanto talento que lo mismo llega a Roland Garros, gana, y todo cambia. Ahora bien, necesita algo de estabilidad deportiva y personal. Si no, a su edad, con los tiburones Alcaraz, Sinner y compañía amenazando, el futuro se le empieza a poner demasiado negro.

Vídeo | Zverev cae en Munich ante Rune

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