Adiós a Roger Federer: el legado del tenista vulnerable que nos conmovió con su obra

·13  min de lectura
Roger Federer de Suiza durante un servicio. (Foto: REUTERS/Stefano Rellandini)
Roger Federer de Suiza durante un servicio. (Foto: REUTERS/Stefano Rellandini)

El 8 de agosto de 1981 fue sábado. El día anterior, en Basilea (Suiza), Robert Federer, un técnico de laboratorio que trabajaba en una química de esa ciudad destacada por la industria farmacéutica, había ganado las semifinales de un torneo de tenis local. Por la tarde volvió rápido a su casa en una pequeña moto para ver a su esposa, Lynette Durand (nacida en Johannesburgo), que estaba embarazada, muy cerca de la fecha de parto.

"Todavía no ha pasado nada", lo alivió la mujer.

Entonces, se marchó a la localidad de Rheinfelden, donde había otro torneo. Era un viernes agradable, con buen ambiente social. A las dos de la madrugada sonó el teléfono en el buffet del club (no había celulares). Uno de los presentes contestó la llamada, pero no entendió qué le decían y cortó. Robert observó la situación y pensó: ‘¿Y si era Lynette?’. El teléfono volvió a sonar y fue Robert quien respondió. Al otro lado de la línea estaba su esposa. “¡Será mejor que vengas!”.

Robert se apresuró en volver a su casa en la moto y desde allí llevó a su mujer al hospital de Basilea. A los 8.30 de la mañana de aquel sábado, Lynette dio a luz a su segundo hijo (Diana había nacido dos años antes). El niño pesó 2,5 kilos y midió 54 cm. Los padres del bebé habían resuelto llamarlo Roger porque era fácil de pronunciar en inglés.

El nacimiento de su primer hijo varón no impidió que Robert y su pareja de dobles jugaran la final de tenis esa tarde. Y, como si fuera parte de la celebración familiar, se consagraron campeones. La historia, narrada en detalle en el libro Roger Federer, la biografía definitiva, escrito por el periodista suizo René Stauffer, ilustra, casi sin proponérselo, la conexión que la vida de Roger tuvo con el arte de las raquetas incluso desde antes de nacer.

Claro que ni el más optimista de los habitantes de esa región fronteriza con Francia y Alemania podría augurar la obra que crearía ese bebé de “pies grandes”, como recordó Robert. La obra, probablemente, más maravillosa que haya existido.

El suizo Roger Federer derrama una lágrima durante una entrevista después de jugar su último partido, un dobles con el español Rafael Nadal del Team Europe contra el estadounidense Jack Sock y el estadounidense Frances Tiafoe del Team World en la Copa Laver 2022 el 24 de febrero de 2022. Roger Federer baja el telón de su espectacular carrera en un partido
El suizo Roger Federer derrama una lágrima durante una entrevista después de jugar su último partido, un dobles con el español Rafael Nadal del Team Europe contra el estadounidense Jack Sock y el estadounidense Frances Tiafoe del Team World en la Copa Laver 2022 el 24 de febrero de 2022. Roger Federer baja el telón de su espectacular carrera en un partido "súper especial" junto a su rival Rafael Nadal.(Foto: Glyn KIRK / AFP)

Los Federer, una familia de clase media, vivían en Wasserhaus, un barrio de la comuna de Münchenstein, en el cantón de Basilea-Campiña. Robert y Lynette fueron los padres ideales para Roger, un chico eléctrico y bromista, con algunos problemas de conducta y mediocre rendimiento escolar. Lo dejaban practicar deporte en libertad, cuantas horas quisiera. Roger necesitaba gastar energía y los padres le daban mucho valor a que aprendiera a integrarse con otros chicos.

Le permitieron ingresar en un club de fútbol de la ciudad (FC Concordia) y, así, Roger empezó a combinar su pasión por la pelota número 5 con el tenis (su primer ídolo fue el alemán Boris Becker). El Tennis Club Old Boys, un centro deportivo en Bachletten, en el suroeste de Basilea, fue el lugar en el que se formó y donde jugó hasta los 14 años, cuando decidió perfeccionarse en el centro nacional de Ecublens, en Lausana, en la porción francófona del país.

Llegó a practicar esquí, natación, hándbol y tenis de mesa. Y hasta tomó clases de piano. Pero a Robert y Lynette les preocupaban los constantes berrinches de Roger (era común verlo arrojar raquetas). Una vez, tras un mal comportamiento en un entrenamiento, Robert le dio dos francos y le indicó: ‘Ya sabés dónde está el tranvía. Yo me voy a casa solo’.

De adolescente y con el pelo teñido de rubio, las paredes de la habitación de Federer estuvieron decoradas con posters de Michael Jordan y Shaquille O’Neal (también de Pamela Anderson). Durante su juventud, Federer se esforzó por domar su temperamento, pugnó por no frustrarse a partir de su estilo perfeccionista. Con el tiempo aprendió a controlar sus demonios y se convirtió, con unas pocas excepciones, en un modelo de compostura bajo presión.

La suya fue una transformación notable que ni Robert ni Lynette podían imaginar. Como tampoco, más allá de advertirle ciertas habilidades, supusieron que su hijo sería una estrella universal.

"Los últimos tres años se me han presentado desafíos en forma de lesiones y cirugías. He trabajado duro para regresar en forma competitiva. Pero también sé que los límites y capacidades de mi cuerpo y su mensaje para mí en los últimos tiempos ha sido claro. Tengo 41 años, he jugado más de 1500 partidos en 24 años. El tenis me ha tratado más generosamente de lo que hubiera soñado y ahora debo reconocer cuando es tiempo de poner fin a mi carrera profesional (…). Al juego del tenis: te amo y nunca te dejaré".

Roger Federer de Suiza hace una devolución. (Foto: AP/Ben Curtis)
Roger Federer de Suiza hace una devolución. (Foto: AP/Ben Curtis)

El jueves pasado, mientras el ambiente del tenis todavía ponderaba los raquetazos del español Carlitos Alcaraz, campeón del US Open y N° 1 más joven de la historia, el mundo del deporte se sacudió. Se estremeció y lloró. Federer, mediante una carta leída por él mismo, anunció lo que la mayoría temía pero que nadie quería oír. El final de la aventura.

Vaya paradoja: tras construir una longeva carrera de casi dos décadas y media con un cuerpo en armonía, una lesión (de rodilla derecha) se convirtió en un obstáculo imposible de sortear. Y con él se extingue una figura de fábula. Se despide el mayor intérprete de una sinfónica notable y única (completada por Rafa Nadal y Novak Djokovic).

Federer, que jugó su primer partido ATP el 7 de julio de 1998, en Gstaad (Suiza), frente a un rival argentino (Lucas Arnold Ker, que triunfó por un doble 6-4), deja el tenis sin ostentar el récord de títulos de Grand Slam (logró 20, contra los 22 de Nadal y los 21 de Djokovic), ni con la mayor cantidad de semanas en el número 1 (310, contra las 373 del serbio), ni tampoco con la superioridad de trofeos totales (103, seis menos que Jimmy Connors, que los obtuvo cuando el circuito era muy distinto). Sin embargo, nadie profundizó su legado por los siete mares y cinco continentes como el ocho veces campeón de Wimbledon. Nadie fue tan influyente e inspirador como él. Ninguna leyenda conmovió tanto.

Toni Nadal, tío y formador de Rafa, kryptonita de un superhéroe como Federer, no se reprimió al describir la ascendencia del suizo: "En su mejor momento, en días de máxima inspiración, jugaba en otra liga. Antes del partido, le decía a Rafa: ‘Habrá momentos en los que te hará sentir muy inferior. Solo sigue luchando y espera a que pase la tormenta’. Es el ícono más grande en la historia del tenis. El vacío que deja es grande, pero su legado es todavía superior".

El virtuosismo y la elegancia. La creatividad, la velocidad y la improvisación. El rítmico juego de pies (cual si fuera un bailarín clásico sobre el escenario) para desplazarse armoniosamente, ponerse en posición y anticiparse a las jugadas del rival (clave para no sufrir desgaste extremo). La coordinación y la música interna. El movimiento natural, sin esfuerzo y casi sin sudar, más parecido al ballet que a un deporte de alto rendimiento.

Los jugadores del Team Europe, Roger Federer (SUI), Rafael Nadal (ESP) y Novak Djokovic (SRB), muestran su apoyo en el partido de tenis de Laver Cup entre Andy Murray (GBR) y Alex De Minaur (AUS). (Foto: Peter van den Berg-USA TODAY Sports)
Los jugadores del Team Europe, Roger Federer (SUI), Rafael Nadal (ESP) y Novak Djokovic (SRB), muestran su apoyo en el partido de tenis de Laver Cup entre Andy Murray (GBR) y Alex De Minaur (AUS). (Foto: Peter van den Berg-USA TODAY Sports)

El perspicaz golpe de vista y las exquisiteces con la raqueta. El revés de una mano (perfeccionado con los años) y la daga con el slice. La derecha milimétrica y desmoralizante (con su mirada permaneciendo en el punto de impacto después de que la esfera amarilla se alejara). El geométrico saque de mil variantes y la volea de autor. La voracidad competitiva y un apasionado amor por el tenis (y por todo lo que lo rodea).

Federer atravesó distintas generaciones: se enfrentó con jugadores nacidos en los 60 y también con Felix Auger-Aliassime, que, al igual que Roger, nació un 8 de agosto, pero de 2000. Logró triunfos cinematográficos, pero también padeció frustrantes reveses (la derrota en la final de Wimbledon 2019 frente a Djokovic, desaprovechando dos match points con su servicio, fue, sin dudas, de las más angustiantes). Y una porción de su atractivo provino, precisamente, de su vulnerabilidad: las lágrimas que derramó lo convirtieron en un ídolo terrenal.

"No sé cuál de los tres es mejor (Federer, Nadal o Djokovic), pero sin dudas que Roger fue el gran referente de todos, creo que también para Rafa y Nole. Ahora, obviamente, por una cuestión de edad y de físico, ellos lo pasaron en títulos de Grand Slam, pero el que marcó la mejor historia del tenis fue Roger. El mundo del tenis nunca será lo mismo sin él", asevera, ante LA NACION, el tenista Juan Martín del Potro, que se enfrentó en 25 oportunidades con el suizo, venciéndolo en siete (la más valiosa, en la final del US Open 2009).

"Federer logró ser el tenista más completo de la historia. No hubo golpe que no dominara”, afirmó el español Alex Corretja, 2° del mundo en 1999 y con historial 3-2 en su favor ante Federer. Billie Jean King, un símbolo, aportó: “Es un gran campeón. Tuvo el juego más completo de su generación y capturó los corazones de los fanáticos de los deportes de todo el mundo". El tenis de Federer representó la pureza del juego, la belleza.

John McEnroe, carismática leyenda que alcanzó la cima del ranking en 1980, no dudó: “Se podrá discutir durante los próximos veinte años quién es el mejor tenista de la historia, pero ese debate nunca se resolverá. Sí puedo decir que (Federer) fue el tenista con el juego más hermoso que jamás haya visto”.

Roger Federer en acción durante su partido de dobles con Rafael Nadal contra Jack Sock y Frances Tiafoe. (Foto: Reuters/Andrew Boyers)
Roger Federer en acción durante su partido de dobles con Rafael Nadal contra Jack Sock y Frances Tiafoe. (Foto: Reuters/Andrew Boyers)

Se le cayeron tantos recursos de los bolsillos que hasta en un momento, quizás como algo que surgió en tono de broma en una práctica y terminó haciéndose popular, inventó el “SABR”, el Sneak Attack by Roger (Ataque furtivo/sorpresa de Roger), una arriesgada manera de anticiparse al saque del rival y devolver en el borde del cuadro de servicio, de sobrepique, para reducir el margen de reacción del contrario y subir a la red a cerrar el punto. Claro que la estrategia era demasiado osada y requería -para no quedar en ridículo- de muy buenos reflejos.

Su historia en el tenis fue una película. El vínculo con el ATP de su ciudad, Basilea, comenzó temprano, siendo alcanzapelotas en varias ediciones (luego ganaría el título diez veces). Empezó a construir su camino en Wimbledon 1998, ganando los títulos juniors en singles y dobles. En Milán 2001, sobre carpeta y bajo techo, siendo 27° del ranking y con 19 años, ganó su primer trofeo ATP. En los 8vos de final de Wimbledon 2001, siendo 15°, derrotó a Pete Sampras (era 6° y llevaba 31 victorias seguidas en Londres): el mundo de las raquetas bautizó el triunfo como “el cambio de guardia”.

En mayo de 2002 entró en el Top 10. El 6 de julio de 2003 quedó marcado a fuego: ganó su primer trofeo de Grand Slam, en Wimbledon (en la final venció al australiano Mark Philippoussis). En 2003, a los 22 años y en Houston (ante Andre Agassi), obtuvo su primer Masters, el exclusivo torneo que reúne a los mejores ocho de la temporada. En la final de Miami 2005 derrotó a Nadal por primera vez. En 2008, su invicto en el All England (cinco títulos seguidos) se interrumpió con la caída en la final ante Nadal, en un match que terminó en penumbras (el duelo fue interrumpido dos veces por la lluvia) y que los expertos calificaron como la mejor final de Grand Slam de todos los tiempos.

En los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, en pareja con Stan Wawrinka, ganó la medalla dorada en dobles.

En Roland Garros, después de perder tres finales (2006, 2007 y 2008), siempre frente a Nadal, aprovechó la eliminación del español y conquistó la Copa de los Mosqueteros derrotando al sueco Robin Soderling (fue el 14° major del suizo, con el que igualó la línea de Sampras, por entonces el máximo ganador). En Londres 2012, venció en las semifinales a Del Potro, en 4h26m; agotado, perdió la final por el oro con Murray. En noviembre de 2014, ayudó a Suiza a ganar su primera Copa Davis, consiguiendo dos de los tres puntos en el 3-1 sobre Francia, en Lille.

Roger Federer de Suiza realiza una devolución durante una sesión de entrenamiento. (Foto: de Héctor Retamal / AFP a través de Getty Images)
Roger Federer de Suiza realiza una devolución durante una sesión de entrenamiento. (Foto: de Héctor Retamal / AFP a través de Getty Images)

Alcanzó sus 1000 triunfos en el ATP Tour en 2015, pero el 2016 fue ingrato por una lesión de rodilla izquierda (se bajó de los Juegos Olímpicos de Río). Luego de seis meses de inactividad tras someterse a una artroscopia, reapareció en enero de 2017, en Australia, conquistando el primer Grand Slam del año, al vencer en una final histórica a Nadal (se trató de su 18° trofeo grande; no ganaba uno desde Wimbledon 2012).

Un año después, en 2018, casi dos décadas más tarde de su debut en ATP, logró el Abierto de Australia y llegó a 20 trofeos de Grand Slam. En febrero de ese mismo año se encumbró como el N° 1 de mayor edad en la historia, con 36 años, 6 meses y 11 días. En octubre de 2019 ganó el torneo de Basilea, que terminaría siendo su último título.

Federer también fue un ícono global por su clase, su juego limpio y su comportamiento en el éxito y la derrota. Fue un modelo a seguir y una magnética atracción para los sponsors. Dejó la escuela a los 16 años, pero hoy debate sobre filantropía con Bill Gates. Comenzó su carrera sin prestarle atención a los diseños de ropa y ya es usual verlo en la primera fila del Fashion Week de Nueva York con la reina de la moda, Anna Wintour. Casado, desde abril de 2009, con Mirka Vavrinec (fue tenista, 76° en 2001), con quien tuvo dos pares de mellizos: Charlene Riva y Myla Rose, nacidas en julio de 2009; Leo y Lenny, de mayo de 2014.

Si bien Federer siempre desafió al reloj, dando una sensación de perpetuidad, el tiempo transcurre para todos y hoy la vida le muestra otro camino. “Después de ganar mi 15° Grand Slam, en Wimbledon, con Pete (Sampras) sentado allí, todo lo demás fue un bonus. Estoy feliz de haber podido dar otros cinco golpes, más de 100 títulos... De mi longevidad estoy muy orgulloso. No necesitas todos los récords para ser feliz”, narró, en estas horas. Debe estar satisfecho: su obra no pudo haber sido mejor.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR | EN VIDEO

Djokovic y Nadal nombran al James Bond del tenis