Adam Bareiro y una colección casera: el goleador que nadie imaginaba y el “vamos los pibes”, hasta las lágrimas

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Adam Bareiro hizo un gol de cabeza y, aunque luego falló un penal, terminó feliz: San Lorenzo le ganó una vez más el clásico a Boca, por la Liga Profesional de Fútbol.
Adam Bareiro hizo un gol de cabeza y, aunque luego falló un penal, terminó feliz: San Lorenzo le ganó una vez más el clásico a Boca, por la Liga Profesional de Fútbol. - Créditos: @Mauro Alfieri

Agustín Giay iba a la tribuna, la cabecera local, desde los 13 años. Con el tiempo, siguió su pasión. Años de inferiores, con la misma imagen dando vueltas por su cabeza. “Todos los días me levantaba con el mismo sueño: hacer un gol en esta cancha”, cuenta el chico, de 18 años, volante con la camiseta número 47.

Jeremías James no para de llorar: la rodilla le duele en el alma a los 14 minutos del primer tiempo, cuando es reemplazado, mientras las lágrimas le caen justo sobre el escudo. Defensor, de 21 años, también de la casa. Siro Rosane tiene 22, al igual que Nicolás Fernández Mercau, con algo más de experiencia, en un contexto que asfixia. Dolores de este tiempo, de todo tipo, matizados de azulgrana. El sufrimiento es mayúsculo: son los chicos de la casa. Un rato más tarde, cuando San Lorenzo pasó de perder a ganar, de gritar un gol que el VAR considera ilícito, minutos antes de un penal desperdiciado (otra vez, en sociedad, el San Lorenzo de los milagros, el que sufre y se levanta), entra Iván Leguizamón, la última carta de la esperanza, de 20.

Ezequiel Cerutti-Adam Bareiro, la nueva fórmula azulgrana del gol.
Ezequiel Cerutti-Adam Bareiro, la nueva fórmula azulgrana del gol. - Créditos: @Mauro Alfieri

En el banco, esperan Gonzalo Luján (21), Tomás Silva (19), Ezequiel Herrera (19), Francisco Perruzzi (21) y Matías Hernández (17). Agustín Martegani es más conocido: tiene 22, más partidos y algunos cortocircuitos. San Lorenzo es un piberío. Por eso, cuando acaba la faena antes las estrellas xeneizes, más dispuestas para el diván que para un clásico con historia, el canto surge espontáneo. “¡Vamos los pibes!”, se entona.

Es el grito de guerra, también de orgullo, luego de tantas marchas, tanta bronca. El que se vayan todos, el pedido de elecciones, queda a un costado. No se olvida. Sin embargo, este sábado a la tarde, la ecuación se transforma. San Lorenzo gana en lo táctico, lo estratégico, sí, es cierto. En realidad, San Lorenzo le gana a Boca con el corazón en la mano. Una imagen que parecía perdida en el túnel del tiempo. ¿Cuándo fue la última vez que San Lorenzo jugó así, con esta enjundia? “Algún partido de Dabove, antes de la pandemia”, es la reflexión. Hacía una vida que San Lorenzo no era tan feliz.

“Sumar partidos, ganar un clásico, el apoyo del público, esta clase de encuentros les dan roce a los chicos. Tenemos 10, 11 jugadores con un caudal importante de calidad, el 70 por ciento del plantel es del club. Tienen condiciones y rasgos naturales de nuestra esencia: rebeldía y temperamento”, asume Rubén Insua, el técnico del sentimiento. El gol que más grita es el que fue anulado, el de Fernández Mercau: un mensaje de que San Lorenzo viene a contramano. Fue una anécdota: antes y después, fue todo espíritu azulgrana.

Compacto de San Lorenzo 2 vs. Boca 1

“No sabes la alegría que tenían los chicos y la gente se fue feliz. Siempre ganar un clásico de estas características es importante. Antes del partido, al ver como estaba el estadio, había confianza. Y hay un excelente futuro. Por suerte…”, asume el Gallego, un tipo querible, más allá de algunas decisiones extrañas, como el portazo a Maroni o la sorpresiva titularidad de Torrico, el ídolo a través del tiempo. ¿Fue su última salvada, el vuelo de cóndor al córner (previo toque en el travesaño) del tiro libre de Oscar Romero? Los 42 años, el desgaste, la deuda… “Esta noche lo hablo con mi familia”, promete.

El Ciclón acumulaba 10 partidos sin ganar en el Nuevo Gasómetro: el último triunfo, un 3-2 sobre Newell’s, el 12 de diciembre. San Lorenzo acumulaba 14 clásicos sin ganar en el Bajo Flores. El último triunfo había sido en 2017: un 2-1 a River, con goles de Blandi y Paulo Díaz. Piensa en el promedio, es el único gigante que no jugó una copa internacional y, de pronto, tiene al artillero del torneo, Adam Bareiro, con 5. “Lamento no haber hecho el penal”, dice. Lo señalaban las burlas: hoy es el Príncipe. El fútbol, a veces, es una moneda al aire. “Tenemos muchos juveniles, hay que mostrar sacrificio. Lo estamos demostrando partido a partido. Los chicos están a la altura de esta institución, hay que afianzarnos. Todo cuesta, el fútbol argentino es duro”, dice.

Palabra de Torrico, arquero y referente del Ciclón

Cuenta Cerutti: “Estamos construyendo un camino con muchos chicos, lo están haciendo muy bien. Es un proceso. Toda la gente del club se merecía este triunfo. No logramos nada, pero es un paso adelante. Esto se disfruta poco, tenemos que llevar a San Lorenzo donde se merece. Nos tocó momentos difíciles, hay que tener personalidad para jugar en este club”.

Cuenta Gatoni: “Volver a ganar de local, volver a ganar un clásico. Creemos en nosotros. Tenemos claro que no se nos venían dando los resultados, nos hicimos fuertes de puertas para adentro. Calidad sobra, hay jugadores con jerarquía, con trayectoria. Tengo la cinta, pero los referentes son otros”.

La celebración azulgrana en el clásico

Una tarde, así de repente, San Lorenzo volvió a ser San Lorenzo.

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