La grandeza de Valverde, la orfandad de La Vuelta

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Balcón de Alicante (Alicante), 20 ago (EFE).- La imagen de Alejandro Valverde desolado tras bajarse de la bicicleta para abandonar La Vuelta 2021 no hizo sino ahondar en la grandeza del campeón del mundo de 2018, casi un icono en el pelotón internacional durante las dos décadas que lleva como profesional.

Que alguien con su palmarés y su edad -41 años- sienta tanto tener que marcharse no habla si no del amor del murciano por el ciclismo. Porque cuando Chente García Acosta abrazaba todo lo inmenso que es a la estrella de su equipo, no era el dolor, que también, sino el alma lo que le dolía a Valverde.

Tener que irse para casa en la que puede ser su última Vuelta sin el protagonismo que perseguía, y del que parecía capaz tras una semana de carrera entre los mejores y una prometedora aparición en Picón Blanco, no estaba en sus planes. Y mucho menos en su corazón. Que en su caso, más allá de que sea profesional, es el corazón de un ciclista en toda su dimensión.

Lo ratificó el hecho de querer continuar cuando era imposible. Los gestos del médico que le atendió eran claros. Sus brazos explicaban que 'lo que no puede ser, no puede ser".

Aunque en el caso de Valverde esa certeza no lo es tanto. Prueba de ello fue su oro mundial con 38 años en otros día muy emotivo.

El de hoy es en otro plano. El negativo. Porque la caída ya fue fea, muy fea. Y hasta puede ser que tuviera suerte el corredor murciano, que encontró un resquicio en el quitamiedos del arcén para colarse por entre medio y evitar un golpe que se presumía terrible.

Lo que encontró fue un barranco que lo que engulló y amenazó con otro caída sobre la caída inicial, que pareció producto de algo que se encontró en la carretera y le tambaleó la rueda trasera.

No debió ir muy abajo en el barranco porque rápidamente emergió de él y salió ayudado por su paisano y amigo José Joaquín Rojas en una imagen que dará la vuelta al mundo.

Regresó muy dolorido del abismo Valverde, que se empecinó y volvió a montarse en la bicicleta. No duró mucho porque la realidad es tozuda y se impone.

Y ahí fue donde se derrumbó. Se le cayó el mundo encima quizás pensando que esa no era la manera de despedirse de una carrera que adora. O, competitivo y ganador como es, quizás pensase que este año tenía sus opciones dentro de un Movistar en muy buena línea.

Sea lo que fuere lo que pensaba, o lo que sentía, su desazón era la de La Vuelta, una carrera que siempre estará ligada a quien la ganó en 2009 y suma en ella siete podios finales.

No ha sido Valverde, además, el único ilustre de la carrera que abandonó. Poco antes lo había hecho el inglés Hugh Carthy, en su caso sin las fuerzas y el golpe de pedal que le hizo ser tercero y ganar en el Angliru en 2020.

Una edición en la que Valverde aún fue Top 10. Lo que, como mínimo, buscaba repetir este año antes de dejar huérfana a la Vuelta. Que echará de menos su presencia y su grandeza. La que resumía su desolación en el abrazo que le dio Chente.

Ramón Orosa

(c) Agencia EFE

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