Las 100 preguntas a Sergio Berti: se fue de Newell’s porque no aguantaba a Bielsa, jugó en Boca, triunfó en River y huyó del fútbol para vivir en el campo

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Sergio "Bruja" Berti. ex futbolista, en el campo.
Sergio "Bruja" Berti. ex futbolista, en el campo.

Carrilero zurdo de zancada larga y mucho gol, su estilo de juego dejó una marca en el fútbol argentino de los 90, a tal punto que su apellido se utilizó como sinónimo de esa función. Se probó en Newell’s pero no toleró la exigencia del técnico de la Cuarta especial de apellido Bielsa, salió campeón de la Supercopa con Boca, para luego pegar el portazo y cruzarse a la vereda de enfrente, donde fue un valor determinante en los siete títulos que consiguió durante sus tres ciclos en el club. Disputó el Mundial de Francia 98, incluso pateó un penal en la definición contra Inglaterra. Por su autenticidad y frontalidad, tuvo roces con más de un entrenador y con la prensa. A un periodista hasta le tiró un cajón de manzanas para que no se apoyara en su auto. Desde que se retiró en 2002, se instaló en Villa Constitución, su ciudad, y se desligó del fútbol, aunque lo vive intensamente y tiene el deseo de volver. Fue tan grande el desgaste que sufrió en sus rodillas, que hace 15 años no toca una pelota y hasta le cuesta trotar.

Las 100 preguntas en esta ocasión las contesta la Bruja Sergio Ángel Berti. Y lo hace sin filtro, como en sus tiempos de futbolista.

1. –¿Quién es Sergio Ángel Berti?

–Fundamentalmente creo que soy una persona sincera, honesta, que siempre he ido con la verdad, a pesar de que esa verdad me ha generado más de un problema. Tengo la tranquilidad de que en la vida siempre me manejé de frente, porque son los valores que me inculcaron. Creo ser también buen hijo, buen padre y buen esposo.

2. –¿Y como jugador?

–No fui un jugador sobresaliente, aunque he marcado un puesto en la cancha al cual se me asocia. Fundamentalmente era un jugador de mucho ritmo y desequilibrio en velocidad, creo que supe utilizar la inteligencia y sabía tirar una pared y buscar el vacío, porque no era gambeteador. Zurdo, de gran zancada y con llegada. Si analizás la función que cumplía y mis números, tengo un buen promedio de gol.

3. –¿Tenés algo de ángel?

–Sí, a mis dos abuelos, que se llamaban Ángel (risas), y por eso me lo pusieron de nombre a mí. Igual, no me considero una persona con maldad, podría tener tranquilamente el aura de ángel.

4. –¿Apodo de pibe?

–Acá, en Villa Constitución, me decían Marilin, porque cuando empecé a jugar había salido la película La Raulito, con Marilina Ross, y mi corte de pelo se parecía al de ella. Si hoy alguno me dice Marilin, es porque me conoce de chiquito.

5. –¿Quién te puso Bruja y por qué?

–Fue el Tolo (Gallego), en la época en que tenía el pelo largo y nos entrenábamos con mucho frío a la mañana en Villa Martelli. Usábamos gorros de lana y entonces salía el pelo por abajo y la nariz sobresalía bastante (risas), y el Tolo, que era ayudante de Daniel (Passarella) arrancó con lo de “bruja” y quedó. No me molesta para nada, de hecho lo uso en alguna red social sin problema.

Le pusieron Bruja por su nariz, y usa el apodo y la caricatura en redes sociales
Le pusieron Bruja por su nariz, y usa el apodo y la caricatura en redes sociales


Le pusieron Bruja por su nariz, y usa el apodo y la caricatura en redes sociales

6. –Lindo lugar el cuartel de Villa Martelli para entrenar, ¿no?

–Ufff, ¡qué lugar feo por Dios! ¡Cómo cambió todo eso! Fíjate los predios que tienen hoy los clubes, se ha europeizado todo. En nuestra época no había ciudades deportivas, entrenábamos en un cuartel militar, y después en el Círculo Policial, que tenía una sola cancha y no estaba bien. A veces practicábamos en la auxiliar de River, que era de tierra, y tomábamos agua del bidón de cinco litros, que nos íbamos pasando. Agua de la canilla, obvio, no tenías la botellita individual ni la bebida hidratante, nada.

7. –Ordená por importancia las Brujas del fútbol argentino: Juan Ramón Verón, Juan Sebastián Verón, Raúl Oscar Belén y Sergio Ángel Berti.

–Noooo, no me pongo a la altura de ellos, aunque al padre de Sebastián y a Belén no los vi jugar. Poneme cuarto. Sebastián fue un jugador extraordinario, dejó su marca en todo lo que hizo en su carrera.

8. –¿Sufriste privaciones de chico?

–No sobraba ni faltaba nada. Mi viejo era empleado metalúrgico en Metcon, Metalúrgica Constitución, y mi vieja, ama de casa. Yo soy el mayor de cuatro hermanos, el único varón, una familia de clase trabajadora.

9. –¿Laburaste de algo antes de ser futbolista?

–Al lado de casa había un taller de fundición y, cuando volvía del colegio, me cruzaba a cebarles mates a mis amigos, a mirar un poco, y como había bastante trabajo, el dueño me propuso trabajar y ahí arranqué primero limpiando y acomodando cosas y después ya en la fundición: moldeaba y preparaba la colada para armar las piezas. Aprendí mucho. Lo habré hecho entre los 14 y los 17 años, hasta tengo mi carnet de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica). En un momento trabajaba de 6 a 3 de la tarde, me iba a entrenar al Club Atlético Empalme y de ahí al colegio a la noche, hasta que no me dio más el cuero y le dije a mi viejo que no trabajaba más y que me iba a dedicar a jugar al fútbol y me fui a Rosario.

10. –¿De qué equipo eras hincha de chico?

–De Rosario Central, pero tampoco era fanático. Como dice un amigo: “Hincha es el que va a la cancha, los otros somos simpatizantes”. Y en el caso de los futbolistas, cuando empezás a jugar profesionalmente, te hacés del equipo donde jugás. O del que te termina dando más cosas, como me pasó a mí con River. De hecho, yo terminé yendo a jugar a Newell’s, aunque duré sólo tres meses. Me habían visto en un amistoso con la selección de la liga regional del sud contra la liga rosarina, anduve bárbaro y me llamaron de Newell’s.

11. –¿Se pierde totalmente ese hinchismo cuando sos jugador?

–En la mayoría de los casos te diría que sí. El hincha por ahí no entiende que es un trabajo, que uno soñó con jugar al fútbol y si se da la posibilidad de jugar en el eterno rival, jugás. Conozco un amigo de un amigo que es hincha fanático de Central y lo fueron a buscar de Newell’s, no quiso ir y terminó desaprovechando sus condiciones. Rosario es muy especial, y son casos aislados. Los que me parece que no pierden el hinchismo son los periodistas, se nota demasiado el fanatismo en algunos casos, y hasta alguno sin querer mete la pata y dicen “a nosotros nos pasó tal cosa” (risas)...

Con Pablo Erbín, uno de los amigos que le dio el fútbol, en un River-Platense
Con Pablo Erbín, uno de los amigos que le dio el fútbol, en un River-Platense


Con Pablo Erbín, uno de los amigos que le dio el fútbol, en un River-Platense

12. –¿Por qué duraste solo tres meses en Newell’s?

–Porque no aguanté. Viajaba todos los días desde Villa Constitución al predio de Bella Vista, donde había que estar a las 7 de la mañana. Caí en la famosa Cuarta especial, donde estaban Berizzo, Franco, Lunari… Había un tipo que iba y venía con estacas, en el medio del campo, y encima después del entrenamiento tenías una tabla con 40 ejercicios de flexibilidad, todo con dibujitos. Te sentabas, te agarrabas el pie y te tenías que tocar el talón con la boca, era una hora y media más. Yo salía a las 5 de la mañana y volvía a casa a las 3 de la tarde, entonces no aguanté y pegué la vuelta, no fui más. Un día vinieron Griffa y Mastrantonio a buscarme a casa: hablaron con mi viejo, intentaron convencernos, me dijeron que me iban a poner en la Primera local, pero yo ya estaba encaprichado en no ir más. No estaba acostumbrado a ese nivel de exigencia, no quería saber nada. Con el tiempo me arrepentí y lo lamenté mucho.

13. –El tipo de las estacas era Marcelo Bielsa, ¿no?

–Exacto. Siempre les cuento a mis hijos: mirá lo importante que era esa tabla de flexibilidad que hoy me cuesta agacharme y no puedo tocarme la espalda con las manos, mientras Bielsa mira todos los partidos en cuclillas, al costado del banco (risas).

14. –¿Te cruzaste después a Bielsa alguna vez?

–No, nunca. Sí le escribí un mail hace algunos años, cuando lo echaron del Lille, en un momento donde no la estaba pasando bien, para pedirle disculpas por no haberlo entendido en su momento. Que había lamentado, con el correr del tiempo, no aprender todo lo que él enseñaba. Me respondió con un muy lindo mensaje, al estilo Bielsa. Por más críticas que reciba de ciertos sectores, para mí es el mejor técnico que ha dado el fútbol argentino.

15. –¿Por qué?

–Porque no se trata sólo de ganar, que igual ha ganado, sino de lo que enseñás y das. No es casualidad que donde va, Bielsa deja su marca, que hace escuela, que sus dirigidos guardan los mejores recuerdos, que haya una calle en Leeds con su nombre, los valores que transmite. ¡Cómo puede ser que el tipo se fue con su equipo peleando el descenso y la gente no quería que se fuera y pidiera por él!

16. –¿En el fútbol te destacaste desde tus comienzos?

–Empecé en el baby de Club Atlético Empalme con 6 años, y como no existía mi categoría, terminé jugando con chicos tres años más grande, entre ellos Abel Balbo. Yo era muy habilidoso de chico, flaquito, ya después en mi categoría era medio líder, éramos 7 y salía jugando desde el fondo. Después, en cancha de 11, siempre fui enganche. Debuté en la Primera de Atlético Empalme a los 15 años en un clásico con Empalme Central, semifinales de liga. Entré en el segundo tiempo, metí el gol y ganamos 1-0, todo redondo. Ahí enfrentaba a rivales de treinta y cuarenta años, yo era un pibe.

En Club Atlético Empalme era de los más chicos: es el primero, parado, desde la derecha. Abajo, con la pelota, Abel Balbo.
En Club Atlético Empalme era de los más chicos: es el primero, parado, desde la derecha. Abajo, con la pelota, Abel Balbo.


En Club Atlético Empalme era de los más chicos: es el primero, parado, desde la derecha. Abajo, con la pelota, Abel Balbo.

17. –¿Cómo llegaste a Boca?

–Antes de Boca me probé en otros clubes. Fuimos en un tour por Buenos Aires con Néstor “Pucho” Acosta, que fue el maestro más grande que tuvo la zona y que nos ha enseñado muchísimo a todos. Era el Bielsa del pueblo. Nos llevó a 3 o 4 chicos a probar. Recuerdo que fuimos en tren y paramos en un hotel en puente Pacífico. Pucho se levantaba e iba a comprar un kilo de naranjas, las exprimía y ese era el desayuno. Nada de remise, ni hotel pago, había que pelearla, creo que nos quedamos dos noches. Hicimos una prueba en Vélez, me vio Hugo Tocalli, le gusté pero no tenían pensión para darme. Y después fuimos a Independiente y me tocó enfrentar a Islas, Clausen, Villaverde, Trossero, Giusti, Marangoni, Bochini, Percudani y no me podían parar. Yo era muy rápido. Pegué dos tiros en los palos, mostré personalidad, me tiraban patadas y no me agarraban, y quedé. Justo a los pocos días Pastoriza firmó para Boca y dijo: “A este pibe no lo vamos a dejar acá, lo llevamos”. Y fui a Boca. Con Tocalli me quedó una linda anécdota.

18. –Contala.

–Practicando con la selección de Passarella, un día me cruzo con Hugo en el predio de AFA y me dice: “¿Cómo estás, Sergio? Me acuerdo cuando fue a Vélez y no se pudo quedar porque no teníamos pensión”. No lo podía creer, ¿cómo podía ser que este tipo se acordara de mí, si me había visto una sola vez en su vida?

19. –¿Con qué compañeros arrancaste en Boca?

–Fui directamente a la Reserva, la dirigía el Conejo Tarabini, estaban Soñora, Tilger, Latorre, Are, Pico... Vivía en La Candela, y para hablar por teléfono tenía que ir al centro de Morón, las cosas costaban mucho más que ahora. Y venía para mi ciudad una vez por mes. Pero era lo que había y me adapté rápido, porque yo quería jugar al fútbol. Pastoriza me hizo debutar en Córdoba, al año de llegar, siempre de enganche. Y después Aimar me fue dando minutos, de hecho entré en ambas semifinales y en ambas finales de la Supercopa que Boca ganó en la cancha de Independiente. Sentía que se empezaban a cumplir los objetivos que me había propuesto.

20. –¿Por qué te fuiste de Boca? En Wikipedia dice “por problemas contractuales y por mala relación con sus compañeros”.

–Hubo un problema en la pretemporada en Córdoba, y yo nunca fui de guardarme las cosas. No me gustaron algunas actitudes del cuerpo técnico de Aimar, y al final se volvieron 27 en avión y a otros tres nos tocó en micro, y no me parecía bien, por eso cuando llegué a Buenos Aires llamé al técnico de la Reserva y le dije que me iba. Aunque tuviera 18 años, sentía que merecía el mismo trato y respeto que Marangoni, por más figura que fuera. Igual, te aclaro, Aimar me parece una gran persona y no tengo problemas, pero en ese momento no me gustó lo que viví y me fui.

21. –¿Boca te dio el pase así nomás?

–No fue tan sencillo. Tuve la suerte de que el Flaco Menotti me había visto jugar en un partido de Reserva y un día, caminando por la playa, se cruzó con Gustavo Mascardi, que recién empezaba como empresario. “Usted que quiere incursionar en el fútbol, ¿por qué no compra a este pibe Berti, que es muy bueno y tiene problemas en Boca?”. El Flaco también le habló bien de mí a Passarella, y a los pocos días fuimos a hablar con Heller al Credicoop y Mascardi puso los 60 mil dólares y compró mi pase. Lo único que preguntó Heller es si detrás de esto estaba Ricardo Cosentino, que era amigo de Passarella. Yo le contesté que no sabía.

22. –Estaba.

–Sí, estaba, aunque en ese momento no sabía demasiado. El primer encuentro con Daniel fue en Jonatan, la confitería que está en la plazoleta de Quinteros, a tres cuadras del Monumental. Yo estaba con mis zapatillas de lona, camperita de jean, el pelo largo, era un pibe, estaba muy nervioso, sentadito adentro. Y de golpe cayó Daniel con su nave, la dejó en la puerta, bajó con su perfume francés y traje italiano, y en ese momento no sabía si tirarme debajo de la mesa o salir corriendo. Venía el primer capitán de la selección en levantar la Copa del mundo. Dudé unos segundos. Se presentó y lo primero que me dijo fue si me animaba a jugar en River. “¿Cuándo empiezo?”, le contesté. “Mañana a las 9″, me dijo. Era marzo del 90, ya había arrancado el campeonato, así que no podía jugar oficialmente, pero empecé a entrenarme con la primera.

 Con los dirigentes Luis Belli y Carlos Guerra, recibido en River.
Con los dirigentes Luis Belli y Carlos Guerra, recibido en River.


Con los dirigentes Luis Belli y Carlos Guerra, recibido en River.

23. –¿O sea que no fue un trueque Berti por Batistuta?

–Para nada, si entrené tres meses con Batistuta en River. Él se fue en junio del 90. Me costó al principio, a mí casi ni me conocían, me cambiaba aparte, no en el mismo vestuario, por ahí venían Leo (Astrada), que tenía mi edad, o Borrelli, o el Galleguito Vázquez, y me saludaban y me preguntaban qué hacía ahí. Después fui jugando los amistosos, tenía la suerte de convertir seguido, me sumé al vestuario con todos y ya en la pretemporada de junio estaba incorporado al plantel profesional como uno más.

24. –¿Sentís que la gente te miró con desconfianza por venir de Boca?

–No era fácil en ese momento cruzar de un lado a otro, me costó un poco entrar en la gente. El primer partido que jugué con la Reserva en el Monumental escuché el murmullo, incluso la gente cantó que habían echado al Negro Enrique para traer a un bostero.

25. –Tuviste la suerte de meter un gol en tu debut, encima por Copa Libertadores.

–Sí, contra Defensor Sporting, en el Centenario, ida de octavos de final. Un gol de rebote. Tenía la virtud de estar en los rebotes, fue uno de los consejos que me había dado Daniel. Me decía: “Vos ponete en el segundo palo, que la pelota cae casi siempre por ahí, porque alguno la peina, o la desvía, o la rechaza”. Y así metí varios goles enganchando rebotes. Hoy, cuando vemos partidos con mis hijos, se lo remarco, cuando se da un gol así: “¡Ves dónde estaba!”. Ese día tapó el arquero y me quedó el rebote para empujarla. Fue un buen comienzo, ganamos 2-1, pero en la revancha, en el Monumental, fui un desastre, por suerte pasamos.

En acción, ante Defensor Sporting, por los octavos de final de la Libertadores de 1990. Debutó en esos partidos.
En acción, ante Defensor Sporting, por los octavos de final de la Libertadores de 1990. Debutó en esos partidos.


En acción, ante Defensor Sporting, por los octavos de final de la Libertadores de 1990. Debutó en esos partidos.

26. – Esa Copa la terminaron perdiendo en semifinales con el Barcelona, en Ecuador, en un partido escandaloso.

–Tremendo. Ganamos 1-0 acá, perdimos 1-0 allá, fuimos a los penales, el Polillita Da Silva metió el último: la pelota había pegado en el travesaño y picó adentro, pero el arquero salió corriendo a festejar, invadieron la cancha y en esa época no había VAR ni nada, entonces ahí mismo el partido se terminó, pero recuerdo haber visto cómo el disparo del Polillita picó adentro. Ese día nos habían llenado de sal y grasa el vestuario, estaba todo sucio, el micro no se metió hasta el vestuario, así que tuvimos que bajar caminando y nos tiraron de todo, y un jugador de ellos tenía un sacacorchos escondido en el pantalón y pinchó a varios compañeros. Así era la Copa antes, era muy jodido ir a jugar a Paraguay, Colombia, Ecuador, ahora cambió todo.

27. –”El pibe juega bien, téngale fe, pero le advierto algo: es loco y no lo va a poder cambiar”.

–Seeee (risas), se lo dijo mi viejo a Mascardi, al poco tiempo de comprar mi pase, después de un partido de River y que fuimos a comer a la costanera. No sé si ser loco es ser impulsivo, temperamental, creo que iba más por ahí, a lo mejor no podía controlar ese impulso, me calentaba muy seguido.

28. –¿Seguís siendo loco o ya te calmaste?

–Nah, tranquilo, ya se miran las cosas de otra manera. Intento no tener esas reacciones: antes me encerraban con el auto y por ahí me bajaba, ahora ya no me caliento más por esas cosas.

29. –El patadón a Cabañas con la correspondiente expulsión, en el 2-2 con Boca del 92, es un ejemplo de tus reacciones impulsivas.

–Y… sí, me saltó la térmica. Quise hacer justicia por mí mismo, por lo que no me había cobrado Loustau: me habían pegado dos patadas en el piso, dejó que siguiera la jugada, y entonces me levanté y le metí el patadón a Cabañas. Cuando salía, todos los hinchas de River me aplaudían (risas), pasa que fue en el último minuto, terminamos 2-2. Yo tenía ese problema: no medía, no sabía controlarme, no era Simeone. El Cholo era un genio para jugar al límite: pegaba, metía, lo amonestaban y sabía jugar con la amarilla a cuestas. No era impulsivo, era muy cerebral, muy inteligente para jugar. El Cholo te contagiaba sus ganas y conocía muy bien los tiempos del futbol, los manejaba a la perfección.

El patadón a Cabañas

30. –Gallardo también sufrió muchas expulsiones. Parece que los habilidosos, los creativos, no saben marcar muy bien, o reaccionan.

–Hace unos meses, después de la expulsión de Peña Biafore en Talleres-River, en un programa pasaron partidos con expulsiones antes de los 10 minutos. Y de cinco partidos, en dos estaba yo, ja, ja, mis hijos me decían “no podés estar en dos, sos el menos indicado para decirnos algo”. Un día fuimos a jugar a Rosario, y cuando entrábamos con el micro, venía el micro con los jugadores de Central cantando y haciéndonos gestos. Entré, y a los 5 minutos le metí un planchazo a Lussenhoff que no tenía nada que ver, y me echaron. Después Daniel me castigaba y no me ponía. Otra insólita fue en la final de la Supercopa 97 contra el San Pablo en Brasil: metí un planchazo en el primer tiempo en una pelota dividida y me expulsaron. Una locura total. Por suerte, aguantamos el 0-0 y después ganamos 2-1 en el Monumental y di la vuelta olímpica en jeans. Si perdíamos la final por culpa mía, me tenían que echar el país.

La entrevista con Sergio Berti continúa en la nota accesible por este enlace: .

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