Como si estuviera ya escrito, Tim Tebow volvió a obrar un milagro deportivo, esta vez en los Playoffs de la NFL.
Nadie daba una mínima oportunidad a los Broncos de vencer a los Steelers en el juego de comodín en el estadio Mile High de Denver. Absolutamente nadie.
La mejor defensiva de la NFL llegaba a cumplir con el trámite de vencer al mariscal de campo con peor porcentaje de lanzamientos de toda la liga. Los poderosos Steelers jugarían un partido de Playoffs más y ganarían sin problemas, como casi siempre lo hacen.
La mesa estaba servida para los detractores de un mariscal de campo con mala puntería en su brazo. Un mariscal criticado hasta el límite por los puristas de la NFL por su falta de habilidad para lanzar el ovoide con el espiral y la dirección requerida según los estándares convencionales.
Tebow tuvo un camino de altas y bajas en su primer año dentro de la NFL, llegó con la desaprobación de los especialistas como suplente y terminó ganando seis juegos en línea con finales milagrosos en tiempo extra y jugadas que se salían de la imaginación del más osado.
Sin embargo en los últimos tres partidos de la temporada regular Tebow le dio la razón a sus críticos, perdiendo en cada uno de estos juegos, sin lanzar para touchdowns en 22 posesiones y con un rating de pasador vergonzoso.
Era "imposible" que ganara ante los Steelers. Tebow jugaba en su año de novato su primer juego de postemporada frente a un mariscal campeón de dos Super Bowls como "Big Ben" y ante una de las mejores defensivas de la historia. No había caso, los Steelers viajarían a Nueva Inglaterra para enfrentar a los Patriots la próxima semana.
Pero nunca se debe apostar contra un hombre de Dios y eso precisamente es Tim Tebow. El hijo de dos pastores cristianos y dueño de una fe inquebrantable en el creador, predica su devoción en cada acto de su vida de manera genuina. Sus preceptos lo han convertido en una figura reverenciada y a la vez odiada por sus seguidores y sus detractores.
Visita niños enfermos en hospitales, entrega gran parte de su dinero y su tiempo a los más necesitados, utiliza su tiempo libre en las vacaciones para hacer peregrinación y servir a comunidades marginales en las cuatro esquinas del planeta y ha sostenido firmemente su condición célibe hasta el día que despose a su novia.
Es un estilo de vida opuesto a lo que dictan las normas del capitalismo y el consumismo, esto, sumado a su falta de estilo para lanzar el ovoide le ha ganado enemigos por doquier.
Sin embargo el domingo 8 de enero en su primer juego de postemporada, Tebow lanzó para 316 yardas totales con un promedio de 31.6 yardas por pase, con dos touchdowns por aire y uno por tierra, fue sólo el tercer mariscal de la historia en terminar un juego de Playoffs con más de 300 yardas lanzadas, 50 por tierra, sin intercepciones, y además le dio a su equipo el triunfo en tiempo extra con un pase de 80 yardas en sólo once segundos. El triunfo en tiempo extra más rápido de la historia de la NFL.
Lo que se queda en mi cabeza después de ver esta hazaña es una cifra que va más allá de lo visible. Tebow lanzó para 316 yardas totales, con un promedio de 31.6 yardas por pase.
Cada quien cree en lo que le parece, pero para los cristianos, este es un número particularmente especial. La cita del evangelio de Juan 3:16 es el caballito de batalla de los creyentes en Jesucristo ante las masas, es usual ver pancartas con la leyenda John 3:16 en los principales eventos masivos que se realizan alrededor del mundo.
Esta cita resume la fe en la doctrina cristiana y es el mandato supremo de Dios para sus fieles:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
Terrell Suggs, el gran capitán defensivo de los Ravens de Baltimore, crítico y ridiculizó a Tebow en la previa al juego de los Broncos ante los Steelers, diciendo que los Ravens no necesitaban a Dios en su sideline - línea lateral - y prediciendo un triunfo seguro de Pittsburgh.
Después de esta demostración creo que todos se lo van a pensar dos veces antes de critircar a Tebow, porque algo mágico sucede en el sideline de los Broncos, algo cercano a lo divino.



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