Esa elogiosa tranquilidad con la que define ante los arqueros es la que pierden sus rivales cuando él los provoca. A Teófilo Gutiérrez le sobran argumentos para justificar su chapa de talentoso: es goleador, tiene guapeza y la virtud de aparecer en los momentos más calientes. Lleva añadida a su juego la estirpe y los hábitos del 9 astuto que multa caro los descuidos de los defensores. Pero, con la misma elocuencia, su apellido también es sinónimo de odios y broncas; su conducta dentro del campo de juego, algún comentario de más y una dosis de visible arrogancia lo convierten al mismo tiempo en un tipo controvertido, cuyas acciones trascienden lo estrictamente futbolístico y se discuten desde otra perspectiva.
Diego Milito lo padeció. El colombiano le arrojó la pelota de forma provocadora tras el gol de Gabriel Hauche en el clásico de Avellaneda versión verano. Gabi reaccionó minutos más tardes con un fuerte cruce sobre el delantero que le valió la expulsión.
Con hinchadas rivales
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